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sería mala idea comprobar la composición
del agua que se bebe en Bristol. Porque de esa ciudad
siempre nublada y lluviosa, salió durante los noventa
la probablemente más impactante y diversa escena
musical, desde Massive Attack a Tricky, de Portishead
a Roni Size. Y también la que nos interesa en este
caso, una serie de músicos interesados en la capacidad
poética del ruido, la experimentación, y
el trasteo casero con samples. Alrededor de los capitales
Flying Saucer Attack crecieron retoños de intención
abstracta como AMP, Crescent o Light
entre los cuales
destacó sobremanera Matt Elliott.
El
chico, que ayudaba tanto a FSA como a AMP en el estudio,
decidió liarse la manta a la cabeza y, en su
propio sello, edita "Semtex", primer álbum
de un proyecto bautizado como The Third Eye Foundation
y un disco que da miedo de principio a fin: electrónica,
noise, melodías cortantes y ritmos centrifugados.
Ahora, con el excepcional "The Mess We Made"
(2003) bajo el brazo, Matt reaparece con ocho canciones
extraordinarias, dónde hay menos ritmo (sólo
en la pieza que da título al álbum oiremos
su típico drum'n'bass), pero sí una espectacular
concepción de lo melódico como extraño
y sugestivo cuadro.
Reminiscencias
de minimalismo al piano, un aire a musical enrarecido,
y más voces -eso sí, de ultratumba- de
lo habitual, electrónica terminal y decadente.
Un trabajo duro, arriesgado y, desde luego, no apto
para todos los públicos, pero que le ha catapultado
a las listas de los mejores discos del 2003.
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