Hubo un tiempo en el que lo más indie era Dinosaur Jr., Sebadoh y Pavement. Si tenemos en cuenta que Lou Barlow, un aparentemente inocentón chaval
norteamericano que portaba gafitas y pinta de buena persona, estuvo en los dos primeros grupos mencionados, no será de extrañar que muchos quisieran
ser como él. Queda claro que sin su presencia, la música independiente actual no sería exactamente de la misma manera, luego su legado se venera con respeto
y admiración.Tenerlo en directo es un privilegio, pero también y por encima de todo, una lección de historia sobre una parte fundamental de la música moderna.
Dawn Landes se marchó de su ciudad natal en Louisville hacia Nueva York con 19 años y ahora, con 22, publica su primer disco, “Dawns Music”. Un disco muy
maduro para su edad, con una fuerte personalidad marcada en cada letra y en cada sonido. Sonidos que parten del corazón, tocados con nervio por ella en
su mayoría (guitarras, acordeones..), su voz rememora en momentos a Liz Phair o se incrusta en las raíces del rock americano. Y no ha pasado desapercibida
para gente como Hem, Philip Glass ó Joseph Artur con los que ha colaborado recientemente o Suzanne Vega, Throwing Muses, Mary Lou Lord y Juliana Hatfield,
con quienes ha compartido escenario. Dawn Landes compositora, músico e ingeniera de sonido de su disco, llega a un público muy diverso gracias a la fuerza
y ambigüedad de su música, gustando a indie kids, rockeros y enamorados del viejo folk.
A veces nos encontramos con músicos que en persona parecen lo opuesto a lo que sus canciones nos transmiten, pero también conocemos a muchos artistas
a los que sería imposible ver haciendo algo distinto a lo que hacen. En el caso de Carl Hultgren y Windy Weber se puede notar la traslación directa de su entorno
vital a lo que representan los discos de Windy & Carl. Porque su ritmo de grabación es pausado, porque sus caras destilan sinceridad y simpatía y porque en
un sólo título como “Drowning of Sound” se condensa perfectamente toda su esencia. Es así porque la música de los de Dearborn, Michigan, parece hundirse
y reflotar Hubo un tiempo en el que lo más indie era Dinosaur Jr., Sebadoh y Pavement. Si tenemos en cuenta que Lou Barlow, un aparentemente inocentón chaval
norteamericano que portaba gafitas y pinta de buena persona, estuvo en los dos primeros grupos mencionados, no será de extrañar que muchos quisieran
ser como él. Queda claro que sin su presencia, la música independiente actual no sería exactamente de la misma manera, luego su legado se venera con respeto
y admiración.Tenerlo en directo es un privilegio, pero también y por encima de todo, una lección de historia sobre una parte fundamental de la música moderna.
Dawn Landes se marchó de su ciudad natal en Louisville hacia Nueva York con 19 años y ahora, con 22, publica su primer disco, “Dawns Music”. Un disco muy
maduro para su edad, con una fuerte personalidad marcada en cada letra y en cada sonido. Sonidos que parten del corazón, tocados con nervio por ella en
su mayoría (guitarras, acordeones..), su voz rememora en momentos a Liz Phair o se incrusta en las raíces del rock americano. Y no ha pasado desapercibida
para gente como Hem, Philip Glass ó Joseph Artur con los que ha colaborado recientemente o Suzanne Vega, Throwing Muses, Mary Lou Lord y Juliana Hatfield,
con quienes ha compartido escenario. Dawn Landes compositora, músico e ingeniera de sonido de su disco, llega a un público muy diverso gracias a la fuerza
y ambigüedad de su música, gustando a indie kids, rockeros y enamorados del viejo folk.
A veces nos encontramos con músicos que en persona parecen lo opuesto a lo que sus canciones nos transmiten, pero también conocemos a muchos artistas
a los que sería imposible ver haciendo algo distinto a lo que hacen. En el caso de Carl Hultgren y Windy Weber se puede notar la traslación directa de su entorno
vital a lo que representan los discos de Windy & Carl. Porque su ritmo de grabación es pausado, porque sus caras destilan sinceridad y simpatía y porque en
un sólo título como "Drowning of Sound" se condensa perfectamente toda su esencia. Es así porque la música de los de Dearborn, Michigan, parece hundirse
y reflotar continuamente.