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La escasa prioridad otorgada al turismo de jóvenes en los planes de desarrollo de entidades privadas y públicas no se corresponde con el valor y la movilidad que este tipo de turismo tiene en el conjunto de fenómenos turísticos. Según Herrero Estébanez (1994), asesor especializado de la Organización Mundial del Turismo (OMT), el turismo juvenil está creciendo a un ritmo más rápido que el turismo internacional en general. De cada cuatro llegadas internacionales, una de ellas corresponde a un/a joven de entre los 15 y 29 años, pudiéndose constatar así, que una cuarta parte del tráfico internacional de turistas corresponde a los/as jóvenes. La carencia relativa a una infraestructura básica y tarifas adecuadas, la lejanía de los mercados generadores y la falta de investigación de mercado, además de la debilidad promocional, son algunos de los principales factores limitativos del turismo de jóvenes en los países desarrollados. El potencial económico del turismo juvenil viene dado por el hecho de que el menor gasto diario del/de la joven turista se compensa en parte, si no del todo, con la mayor duración media de las estancias y la distribución de los beneficios en un importante segmento de la población local. El turismo juvenil es un segmento muy concreto del mercado, tiene connotaciones y matices especiales dados por las características peculiares de sus destinatarios. El sector compuesto por jóvenes turistas es un sector poblacional de poder adquisitivo limitado, que recurre a ofertas y actividades asequibles, por lo que muchas veces es necesario la búsqueda de nuevas opciones y fórmulas alternativas que permitan su movilidad. En general, los/as jóvenes tienen una mayor disponibilidad del tiempo vacacional de larga duración, y en su empleo gran número de veces se combina el binomio ocio-aprendizaje. Dentro de estas líneas, en las Jornadas sobre el Turismo Juvenil de mayo de 1994, organizadas por la Asociación Diomira,editora de la revista Entrejóvenes, se enfatizaron temas como (1)el aprendizaje como objetivo del turismo juvenil, (2)la autonomía del comportamiento juvenil, (3)los recursos económicos de los que disponen en la actualidad los/as jóvenes, y (4)temas alrededor de la disponibilidad del tiempo libre y espacio de ocio de este sector social. 1.El aprendizaje. Si la juventud es un periodo de socialización y aprendizaje,el turismo debe enmarcarse en este objetivo. El turismo debe ser un apoyo para aprender a conocer otras culturas, a relacionarse con otras personas, a adquirir habilidades para desenvolverse en situaciones distintas de la vida cotidiana, a aprender en la práctica lo que es la convivencia, la tolerancia y a rechazar sus efectos contrarios El turismo entendido en este sentido amplio, es clave para promover y facilitar la movilidad de los/as jóvenes. 2.La autonomía personal. Los/as jóvenes son cada vez más autónomos/as en sus comportamientos y en la forma de emplear un tiempo que sólo está condicionado por sus posibilidades económicas. 3.Los recursos económicos. Los/as jóvenes disponen en la actualidad de una capacidad importante de posibilidades de practicar el turismo. Debemos distinguir entre: actividades formativas (financiadas en buena parte por la familia). actividades de ocio (con sus propios recursos, el precio es decisivo). los servicios (alojamiento, restauración, transporte). El/la joven no valora tanto el continente como el contenido del viaje. Al final, lo que cuenta es la aventura, la novedad, las relaciones personales, la diversión. 4. Disposición del tiempo. En general la condición de estudiante crea situaciones polares en la disponibilidad del tiempo del/de la joven. El/la joven estudiante dispone de largos fragmentos de tiempo vacacional (puede sobrepasar el mes), factor que lo diferencia en gran parte de otros sectores sociales. Sin embargo, en oposición a la creencia popular de que al/la joven le sobra tiempo, estudios acerca de la población y el uso del tiempo realizados por EUSTAT (Encuesta de presupuestos de tiempo, 1993) señalan que la juventud tiende a reservar de cierta manera el fin de semana y el tiempo festivo para actividades de ocio y relaciones sociales. Se observa un fuerte contraste en el tiempo libre disponible durante los días laborales y durante los días festivos entre la población menor de 35 años y la comprendida entre 35 a 59 años. En la población más joven, mientras que en los días laborales el tiempo libre medio es aproximadamente de cuatro horas (3,56h.), durante los días festivos se extiende a 7,3 horas. En el grupo de edad de 35 a 59 años, el tiempo libre medio es de 4,13 horas durante los días laborales y del 6,7 durante los festivos. Esta población menor de 35 años es la que más tiempo dedica al trabajo, la formación personal y las relaciones sociales. A pesar de que este grupo no parece poseer, en general, más tiempo libre que los otros sectores sociales, lo interesante es la distribución que se hace del mismo, concentrándose en fines de semana y días festivos. Es indudable que el ocio supone para los/as jóvenes un importante ámbito de socialización donde transcurren gran parte de sus relaciones de amistad. Este tiempo libre del que dispone el/la joven es un tiempo no normalizado, informal, donde todo es más flexible, ya que no está sujeto/a a ningún horario laboral u horario de tareas cotidianas. En este sentido salir de noche y la noche en sí misma se ha convertido en el espacio donde se desarrollan gran parte de las vivencias de los/as jóvenes. Los resultados obtenidos por el estudio Jóvenes Españoles 99 muestran que los/as jóvenes practican diversos tipos de actividades con una preponderancia evidente de todo lo relacionado con la noche. En el mismo informe se indica también que otras opciones que tienen lugar fuera del ámbito familiar y que son claramente del agrado de los/as jóvenes, son viajar, ir al cine, ir a escuchar música en directo e ir a bares y cafeterías, todas ellas con porcentajes de valoración afirmativa por encima del 90%(Elzo et al.,1999:362). Especialistas en temas de juventud y turismo coinciden en afirmar que el turismo juvenil requiere una atención más activa por parte de las administraciones públicas y empresas privadas, y abogan por un turismo de corte social (Herrero Estébanez, 1994). Una de las primeras manifestaciones hacia una mayor sensibilización en la concepción del turismo como un fenómeno social y cultural transcendente, y con clara referencia a la necesidad de que la oferta turística se ponga al alcance de las capas de la población de ingresos medios, aparece con la fundación en 1963 de la Oficina Internacional de Turismo Social, desde donde se aporta la primera definición: El Turismo social es el conjunto social de relaciones y fenómenos resultantes de la participación en materia turística, de capas sociales de escasos recursos económicos, participación que sólo es posible gracias a las facilidades que brindan algunas medidas de carácter social, bien definidas (Bernárdez,1994). En este sentido, se puede hacer una lectura del turismo juvenil como Turismo Social,porque los/as jóvenes representan un colectivo de escasos recursos económicos. Avanzando en esta idea, desde algunas perspectivas se está considerando formas de turismo alternativo dentro del cual quedaría insertado el turismo social. Las formas de turismo alternativo no sólo consideran aquellos colectivos más desfavorecidos económicamente, sino que incorporan un contacto diferente con la realidad-destino que facilita nuevos tipos de relaciones entre turistas y las culturas y sociedades receptoras, así como con la naturaleza, promoviendo una nueva conciencia en términos de respeto y desarrollo sostenible; entre los que cabría considerar al turismo juvenil, turismo cultural, turismo ecológico, turismo rural y turismo étnico. |
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