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. A MODO DE INTRODUCCIÓN: LA IMPORTANCIA DEL PROCESO El presente informe ha sido elaborado a partir de entrevistas realizadas a agentes implicados en el mundo de la cultura juvenil. Hemos entrevistado a técnicos de las áreas de Juventud, Cultura y Euskara, además de a educadores sociales y jóvenes creadores, recogiendo sus experiencias y sus reflexiones. Si bien hemos seguido un esquema predeterminado, al hilo de estas conversaciones han aparecido cuestiones no previstas en el esquema primario y, asimismo, también ha habido casos en los que se han repetido los temas; por ello, los temas que han surgido durante el proceso han sido incluidos en el documento, como elemento enriquecedor del mismo. Además de todo ello, como complemento del presente informe, hemos recogido la opinión de diversos expertos en la cuestión a estudio. La primera evidencia derivada del método de trabajo ha sido, más allá de sus resultados concretos, la validez del propio proceso de trabajo, del sistema seguido para la elaboración del informe. El proceso ha ofrecido a los implicados la oportunidad de reflexionar y expresarse sobre la cuestión, lo que ha abierto nuevas vías de debate. El primer paso, pues, ha sido establecer qué dudas tenemos. Más adelante, en otoño, a través de unas jornadas específicas y a partir de este informe, se formalizará este camino para la reflexión y el debate, realizándose un esfuerzo de optimización de las políticas de juventud. El presente informe es un compendio de impresiones, opiniones, reflexiones, sugerencias, dudas y propuestas. No es un informe técnico-científico, ni pretende serlo. Es una suerte de reportaje impresionista. A lo largo de sus páginas se citan y tratan diferentes aspectos, tales como la relación (o su ausencia) entre los jóvenes y la administración, la necesidad de ampliar el conocimiento mutuo y el diálogo, la transversalidad de las políticas de juventud, la coordinación, la importancia del aspecto cultural a la hora de afrontar situaciones de marginación, el trepidante cambio de los hábitos de consumo cultural, la tendencia interdisciplinar de la cultura, la necesidad de utilizar el ocio como instrumento de preparación de los jóvenes cara al futuro, etc. Todos los aspectos citados giran en torno a la misma cuestión, que puede ser perfectamente resumida en la siguiente frase: tan importante como lo que se hace es cómo se hace. Dicho de otro modo, y volviendo a la frase inicial de este informe: la importancia del proceso. . |
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Empecemos por el principio. ¿Qué es cultura juvenil? Esta es la premisa que debemos definir, como primer paso para realizar nuestro informe. No resulta fácil exponer qué es o qué no es la cultura juvenil. Es difícil sectorializar a la gente joven en lo referente a la creación cultural y a su consumo, porque la gente, el grupo, forma una masa heterogénea y diversa. Resulta complicado pretender definir o determinar el perfil de determinada cultura de consumo juvenil. Seguramente, además de difícil, resultará también un intento vano y sin sentido, porque la realidad nunca es unívoca ni uniforme. Además, el consumo cultural, en general, es una opción individual, aunque más allá de la cultura y del arte existen elementos que han convertido la cultura juvenil en un codiciado producto de consumo de masas. Sin embargo, el conjunto de productos que se ofrece al consumo de masas, no estará conformado, probablemente por la cultura creada por nuestros propios jóvenes. Esta es la premisa, la base sobre la que vamos a dar forma a nuestro informe: entendemos por cultura juvenil la cultura creada por los propios jóvenes. Difícilmente encontraremos este concepto de cultura en el ámbito del marketing manejado por las multinacionales. Dicho de otro modo, los Backstreet Boys no entrarían dentro de nuestro concepto de cultura juvenil, no por lo menos en el utilizado en este informe; sí lo haría, por ejemplo, el fresco y dinámico grupo femenino de trash Jauko Barik, del colectivo Buena Vista, de Donostia. Otra cuestión es el consumo juvenil. Durante la juventud, el consumo cultural se realiza a menudo en grupo, porque ese consumo te convierte en miembro del grupo, y esta pertenencia nos ayuda a ir formando nuestra propia identidad, a encontrar nuestro sitio, resultando de gran importancia como elemento socializador. Y a menudo, las cuadrillas de jóvenes se forman alrededor de un tipo concreto de música ligado a determinada estética; ahí tenemos, sin ir más lejos, los heavys, o los tecnos. En este sentido, conviene tener muy presente que el consumo es un fenómeno que actualmente se está transformando a ritmos vertiginosos, a impulsos de las nuevas tecnologías. Y seguirá cambiando. Y junto con el cambio en los hábitos de consumo cambiarán también los sistemas de creación. Volveremos sobre este apartado más adelante, pues tiene una importancia innegable. En nuestro contexto, los jóvenes creadores normalmente terminan cursando estudios de la enseñanza reglada, por ejemplo estudios artísticos o musicales. Pero antes de acceder a la universidad o a la academia, mantienen su primer contacto con la cultura en locales juveniles oficiales o alternativos, al menos en los municipios o barrios en los que existen equipamientos de tal carácter. En este sentido, se puede afirmar que actualmente el joven sí dispone de una infraestructura básica para su quehacer creativo; ciertamente, en los últimos años se han multiplicado los locales, por poner un ejemplo; también la oferta de todo tipo de cursillos ha aumentado considerablemente (normalmente no son dirigidos específicamente a los jóvenes, pero jóvenes son la mayoría de los que acuden a ellos). El problema más grave que se le presenta al joven creador, seguramente, es el de la difusión. El primer paso lógico tras la creación es poder mostrar su trabajo en su barrio, en su pueblo, pero tal objetivo no resulta fácil de conseguir y está a expensas de la dinámica e infraestructuras existentes en el entorno. De hecho,hay pueblos en los que se da un funcionamiento muy adecuado, y otros en los que, sin embargo, los movimientos en este campo son mínimos. Existen locales públicos (gaztelekuak) que funcionan muy bien, y también hay otros que no tienen bien definido cuál es su norte; existen gaztetxes que gozan de gran aceptación, pero también pueblos que carecen de gaztetxe o de locales para jóvenes y en los que estos se ven obligados a alquilar bajos o garajes para poder llevar adelante sus proyectos. Existen municipios con dinámicas ejemplares, pero también otros en los que apenas hay movimiento alguno... Se producen, pues, situaciones totalmente dispares. Sin embargo, resulta sorprendente constatar cómo, muchas veces, la frontera entre el fracaso y el éxito reside en factores personales. El carácter del técnico o profesional de cada lugar influye muchísimo, demasiado a veces, en el funcionamiento de los locales para jóvenes (en los locales públicos principalmente). Y la cercanía entre los jóvenes y los técnicos, en la práctica, queda a merced de las simpatías personales más que de las políticas concretas. En consecuencia, podemos concluir que nos faltan pautas de actuación, que debemos definir las vías adecuadas para impulsar una auténtica política juvenil y la necesaria colaboración para llevarla a la práctica. . |
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El tema del protagonismo de la sociedad civil se encuentra en plena efervescencia en las sociedades occidentales. La cuestión es cómo deben de ser las relaciones entre la sociedad civil y las administraciones públicas, cómo deben articularse ambas iniciativas, para poder llevar a la práctica políticas verdaderamente públicas. Y el asunto que nos ocupa, entre de lleno en ese mismo debate. En nuestro caso, la sociedad civil son los jóvenes, los jóvenes creativos. Primeramente analizaremos cómo puede trabajar, de modo eficiente, la administración pública en el campo juvenil. Recientemente, en abril de este año, el técnico de juventud Roger Martínez presentó un informe sumamente interesante en los Encuentros Internacionales de Juventud, celebrados en Gijón. Martínez, en primer lugar, pide sensibilidad hacia la cultura juvenil y, asimismo, demanda la apertura de vías de debate en todos los sentidos. Se refiere, evidentemente, al quehacer de la administración pública. En nuestro entorno también nos encontramos con planteamientos e ideas semejantes. Por ejemplo, las expuestas por el responsable del Gazteleku de Oñati, Patxi Hipólito, cuando afirma que tan importante como el qué se debe hacer es el cómo se debe hacer. Martínez defiende la iniciativa denominada políticas afirmativas, por encima de las políticas impositivas o dirigistas. La primera característica de esa política afirmativa es la siguiente:que la administración sea sensible hacia todo lo que se cree en el campo de la cultura juvenil, como lo son, por ejemplo, ciertos medios de comunicación y empresas privadas que trabajan en este ámbito. En cuanto a la plasmación práctica de esta política, evidentemente, debemos tener en cuenta una diferencia sustancial entre la administración pública y la empresa privada, cual es el hecho de que la primera no busca el beneficio económico, sino, digamos, impulsar o apoyar las dinámicas culturales creadas por los propios jóvenes. Ese impulso o esa ayuda tendrá diferentes niveles. Por un lado, será pragmática, deberá diseñar políticas para los jóvenes, y esas políticas deberán adecuarse a los modos de vida juveniles, es decir, deberán resultar útiles. Por otro lado, esa ayuda también puede concretarse a un nivel más abstracto: intentar difuminar lo más posible las fronteras entre los adultos y los jóvenes, intentando que el paso de la juventud a la madurez lleve consigo una carga de integración, dejando al lado todo tipo de marginación. Asimismo, la política afirmativa debe realizar un esfuerzo para entender las relaciones culturales entre jóvenes, precisamente para poder fortalecerlas y encauzarlas del modo más adecuado posible. Porque -no lo olvidemos- es muy importante posibilitar la vinculación de los jóvenes con el resto de la sociedad y no considerarlos nunca como un grupo al margen de ella. Debemos hacer frente al tan manido discurso pesimista sobre la juventud (drogas, violencia, paro), impulsando iniciativas que creen ilusión. Si los jóvenes no están dispuestos a socializarse a través de los organismos existente para la población adulta, habrá que crear organismos específicos destinados a ellos o, mejor aún, habrá que impulsar que sean los propios jóvenes quienes se creen sus organismos y apoyarles en la realización de sus proyectos. Diálogo sin pausa y sin límites. Esa es la clave que puede orientar la cooperación entre los jóvenes y los poderes públicos. Las relaciones con los jóvenes, a menudo, no resultan nada fáciles. La mera autoridad, ejercida ya sea por padres, profesores, técnicos, administraciones, etc., cada vez es más rechazada en nuestra sociedad, más aún entre los jóvenes. Esta realidad, en principio, podría considerarse como un elemento negativo de cara a la relación entre la juventud y la administración pública, pero si la analizamos desde otra óptica, podríamos afirmar que la no aceptación de la autoridad por el mero hecho de serla, nos obliga a poner en práctica las más básicas nociones de la democracia, es decir, a hacer uso real de la voluntad de diálogo y negociación. Debemos empezar a crear una sociedad no tan autoritaria, valiéndonos más del diálogo y la negociación y, en este caso, con una mirada mucho más respetuosa hacia las verdaderas necesidades de los jóvenes. Y ése es precisamente el cambio cultural que necesitamos: impulsar el diálogo entre las diferentes culturas. Pero no limitándonos al diálogo entre una cultura femenina y una masculina, entre una juvenil y una adulta, una cristiana europea y una musulmana africana, sino entre la cultura de la administración pública y la de la sociedad civil, en el caso que nos ocupa, la de los jóvenes. . |
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En este sentido, el director de Arteleku, Santi Eraso, tiene muy claro cuál es el camino a seguir: Es el momento de comenzar a trabajar con la iniciativa privada y los colectivos sociales. La cooperación es imprescindible. En mi opinión, hasta ahora los organismos públicos han desconfiado de la sociedad civil, pero es necesaria la colaboración, no existe otro camino. Se puede hablar de todo, y todo es negociable. Nos podemos preguntar porqué es tan necesaria la colaboración.Y la respuesta es que, sin ella, la administración no tiene capacidad para conocer los deseos, dinámicas, planes y propuestas que surgen en la sociedad, imposibilitándole dar una respuesta adecuada. Debemos tener muy claro que nosotros estamos para servir, para gestionar, para realizar un trabajo de intermediación. Eraso ha comprobado que el problema se produce en la gestión. Ahí se produce el choque: ¿quién tiene que gestionar? Seguramente, el sistema mixto sea el más adecuado: poner los recursos a disposición de la sociedad civil, en nuestro caso los jóvenes, negociar los contenidos, y una vez logrado un acuerdo, dejar en manos de la sociedad el proceso de organización. En definitiva, todo esto exige replantear los principios más profundos de la administración. Hemos de buscar fórmulas nuevas para impulsar la descentralización y la democratización, para hacer un hueco a la autoprogramación de la sociedad civil y, en definitiva, para dar a la sociedad civil el debido protagonismo. Es decir, se ha de garantizar que los equipamientos públicos tengan un uso público. Esta afirmación es de Patxi Hipólito. El plan diseñado por un grupo popular debe ser gobernado por él mismo. Esa es la filosofía que queremos potenciar. Y además, ese sistema de trabajo no tiene límites, ya que la colaboración entre la administración y la sociedad civil puede llegar a niveles muy altos. También Hipólito defiende la gestión mixta. Es verdad, a la administración corresponde hablar con la gente joven, y decidir a continuación cómo se llevará adelante el programa planteado, pero aún siendo así, esa decisión no puede nunca obviar la iniciativa juvenil. Cada vez deben ponerse a disposición de los jóvenes más recursos, para que los jóvenes tengan la sensación de que hacen lo que ellos quieren. Esta teoría de la sensación, por llamarla de alguna manera, necesita una explicación complementaria. Cuando Hipólito nos habla de sensación, lo hace en el sentido literal: sentirse bien, darse cuenta de que son tenidos en cuenta. Para que esto sea así, las relaciones tienen que ser claras, verdaderas, sin trampa. El técnico de juventud de Irun Jokin Vesga, refiriéndose al proyecto de Gazteleku, lo dice claramente: A pesar de que la gestión del local que pretendemos abrir sea institucional, los propios jóvenes deben fijar los contenidos. Ellos tendrán que decir qué y cómo lo quieren hacer. Si lo organizásemos todo nosotros, de arriba abajo, además de no ser democrático, sería un fracaso total, no vendría nadie. Conocemos este tipo de situaciones entre nosotros. La metodología es de suma importancia: es importante qué se hace, pero también cómo se hace, repite Hipólito. Y ese cómo es la clave, porque implica y exige multitud de cosas: poner en práctica un talante democrático, no temer las iniciativas juveniles y darles confianza, animarles a que se tomen el trabajo de impulsar las iniciativas, ayudarles a que aprendan qué es asumir responsabilidades . |
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El desarrollo del diálogo es imprescindible, para conseguir que las actitudes y modos culturales renovadores y de nueva creación se encaucen en una línea positiva. En toda esta cultura del diálogo existe un sujeto fundamental que hemos citado anteriormente: el intermediario. ¿Y quién es el intermediario? El técnico de Juventud o Cultura. Frantxis López de Landatxe, técnico de Cultura de la Diputación Foral, lleva ya muchos años en este trabajo, pero opina que la profesión del técnico cultural está todavía sin afianzarse, por ser una profesión relativamente nueva, lo que hace que adolezca de tradición; además, todavía es necesario aprender a trabajar de un modo eficaz. A lo expuesto debemos añadir lo siguiente: el técnico no goza de consideración en su entorno institucional, y además, los departamentos de cultura y juventud son los últimos en todos los organismos, a los que menos importancia se les concede. Una idea totalmente equivocada. Es importante tener asumida la idea del intermediario, para que el técnico sepa cuál es su función. Es importante tener muy claro cuál es la función del técnico. El técnico es un mero intermediario, nos dice Hipólito, y el intermediario no decide, prepara el camino para posibilitar el diálogo. Las decisiones las toma normalmente la Comisión de Juventud, como ocurre en Oñati por ejemplo. En esta área, en Oñati han puesto en marcha el sistema con más sentido y más lógico posible para impulsar la relación entre los jóvenes y la administración, para que se conozcan mutuamente, negociando y llevando a cabo sus diferentes planes. A los jóvenes, cuando proponen algo, sea lo que sea, les pido que lo expongan por escrito, y yo lo distribuyo entre los miembros de la comisión. Después, los propios jóvenes acuden a la comisión a defender sus ideas; ahí entra mi aportación, ayudando a una exposición lo más clara posible de sus ideas, que a ellos no les resulta fácil, debido a lo poco habituados que están a tratar con los adultos y con la administración a estos niveles; la propia administración tampoco tiene costumbre de hablar con los jóvenes. Negocian y llegan a un acuerdo. Estos encuentros son muy interesantes, porque sirven para ahuyentar fantasmas y ganar confianza mutua en ambos lados de la mesa, porque los jóvenes aprenden a tratar con la administración, y porque la administración tiene la oportunidad de recoger, de primera mano, lo que sucede en la calle. El intermediario es un puente. Y su importancia es crucial para abrir paso a la cultura juvenil, y para que los jóvenes aprendan a mantener relaciones con los organismos públicos. Esa intermediación tiene sus dificultades, sin duda, pero debemos ser capaces de desarrollar el camino del diálogo y de la intermediación, hasta lograr que, a modo de una nueva cultura, ese camino logre fijar su posición, y se convierta en costumbre o tradición a la hora de tratar los temas que nos incumben. . |
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El ocio tiene cada vez mayor importancia en nuestras vidas, y su importancia seguirá aumentando cuantitativa y cualitativamente. De hecho, muchas de las iniciativas culturales que se pueden abordar durante el tiempo de ocio serán cada vez de más utilidad para los jóvenes de cara a su inmersión en el mundo laboral; la función de otras iniciativas será, simplemente, llenar el tiempo de ocio sin ofrecer beneficios económicos-, y podrán ser programas que beneficiosos para la sociedad, para el barrio, para el colectivo. Ahí radica la importancia que tiene el ocio -y, dentro de él, la cultura- en el mundo de los jóvenes. El tipo de cultura que llena nuestro tiempo de ocio puede ayudar a preparar a los jóvenes (para que aprendan a asumir responsabilidades, a tomar iniciativas, a mantener relaciones ), les servirá de punto de apoyo para su desarrollo individual personal, y en consecuencia, será de gran utilidad para todo el colectivo. Como afirma Hipólito, la creación cultural de la época juvenil es un modo de afrontar la vida. Tampoco debemos soslayar la importancia de la cultura como protección frente al riesgo de marginación en determinadas situaciones y su eficacia como factor de integración social. Sobre esto tiene muchas cosas que decir Javi Jiménez, responsable del Gazte Txoko del barrio de Bidebieta y educador social. El caso del Gazte Txoko de Bidebieta, aún siendo un caso muy concreto, resulta especialmente significativo como referencia para el conocimiento acerca de la situación de barrios un tanto marginales y como experiencia de intervención en el quehacer cotidiano de los jóvenes. En él se juntan jóvenes de entre 12 y 17 años. De todas clases, jóvenes que no tienen problemáticas diferenciadas y jóvenes con graves problemas familiares y sociales. Y esta es, precisamente, una de las batallas ganadas por este Gazte Txoko: que todo tipo de jóvenes se mezclen en sus locales. Unos vienen desde el campo de la marginalidad, otros no, pero actúan con total normalidad y considerando que están entre iguales. Además, muchos de esos jóvenes han tenido su primera relación con la cultura a través del Gazte Txoko, y la cultura les ha servido como importante vehículo de integración. La música, por ejemplo. Está demostrado que escuchar un determinado tipo de música, más aún, practicar un determinado tipo de música es un medio de gran importancia en la socialización juvenil. Y en nuestra sociedad todavía no le concedemos toda la importancia que en verdad tiene, no por lo menos al nivel de lo que ocurre en otros países europeos, afirma Jiménez. Hoy en día, damos más importancia al trabajo y a la educación, que al ocio y al tiempo libre, pero debemos romper esa dicotomía. Ha llegado el momento de unir esos dos campos. El futuro viene en esa dirección, porque el ocio y la industria a él vinculada- es cada vez más importante en nuestra vida. Muchos jóvenes, durante su ocio tienen la oportunidad de aprender multitud de cosas válidas para integrarse en el mundo laboral: organización, trabajo administrativo, relaciones sociales, conocimiento de los diferentes campos sociales, control del gasto, asunción de responsabilidades... Y, por eso mismo, integrarse plenamente en un programa de ocio puede representar un capital de gran importancia a la hora de conseguir un empleo. Entre los propios entrevistados tenemos un par de ejemplos significativos. Por ejemplo Txuso, miembro de Buena Vista. Ocupó un local, organizó un espacio de creación musical, y tras una experiencia de diez años hoy en día se dedica a la creación de espacios web relacionados con la música. Es el caso también de Javi Pez, actualmente promotor musical, que ha creado su propia oficina en el ámbito de las nuevas tecnologías. Vemos claramente cómo en ambos casos los conocimientos adquiridos y la experiencia tenida durante el tiempo de ocio ha resultado de gran utilidad en el devenir laboral y profesional de los jóvenes. También podemos citar otro ejemplo, impulsado por el Departamento de Juventud de Irun: trimestralmente se edita una revista hecha por los jóvenes, y para llevar adelante este trabajo, un periodista imparte un cursillo a un grupo de jóvenes al tiempo que van preparando la revista. Algunos continuarán luego en la edición de la revista, con contrato. Resulta innegable que es un camino adecuado para dar los primeros pasos en el campo de la profesionalización. De este modo se puede forjar un futuro, y al mismo tiempo se fortalece la cultura juvenil. Además, cuando los propios interesados, es decir, los jóvenes son los que dirigen esas empresas o iniciativas, las subculturas ganan en estabilidad, y se logra fijar una tradición que puede transmitirse de generación en generación. Las políticas de juventud deben permanecer muy atentas a este tipo de iniciativas, que en nuestro entorno son abundantes. Por ejemplo los gaztetxes. Se reúne un grupo de jóvenes, analiza la situación y plantea una solución alternativa que responda y ocupe su tiempo de ocio. La idea fructifica, y consigue éxito a nivel local. Pero mediante la ayuda de la administración logrará una estabilidad mayor, a la vez que llegará a un número mayor de jóvenes. Si el plan consigue mantenerse, puede convertirse en un organismo con capacidad de ir socializando a otros jóvenes. Los jóvenes pasarán así de ser meros usuarios a estar implicados en la dinámica y aprenderán a asumir responsabilidades en el campo organizativo. Entre nosotros también se han creado promotoras para impulsar la música de barrios y pueblos. Como hemos citado anteriormente, Buena Vista nos sirve de ejemplo. Todos sus grupos -hoy en día unos 30 grupos de música ensayan en Buena Vista-están incluidos en un espacio web: además de conocer la biografía del grupo, podemos escuchar tres canciones de cada uno de ellos. Eso lo realizan por su cuenta, sin ningún tipo de ayuda. Su intención es llegar más lejos, por ejemplo preparar una sala y, en ella, adecuar un espacio para conciertos, preparar aulas de ensayo, crear una empresa de contratación, preparar una sala de exhibición y, en cierto modo, funcionar como una promotora, relacionando sus grupos con el público y trayendo grupos de fuera, apoyando a los grupos, disponiendo estudios de grabación Realizarían un trabajo de intermediación. La misma intermediación que hemos citado una y otra vez. Esa es la idea que están trabajando, deseosos de hacerla realidad. Son plenamente conscientes de que les es imprescindible la ayuda de los organismos públicos, por lo menos para poder conseguir un edificio. Y el edificio también lo tienen localizado: la vieja fábrica Luzuriaga de Errenteria. Puede ser una iniciativa interesante, o quizás no lo sea, pero el primer paso es conocer los planes, abrir los canales necesarios para conocer qué quieren hacer los jóvenes. Es verdad, esos jóvenes no se han presentado ante la administración. Por una parte, por decirlo de algún modo, porque provienen experiencias prácticas desarrolladas en campos alternativos y mantienen algunas actitudes contrarias a las instituciones. De todos modos, no es algo como para escandalizarnos, ya que es algo perfectamente asumible en su propia simpleza. Pero habiendo pasado ya diez años, pretenden dar otra dirección a Buena Vista. Renovarse o morir, en ese trance estamos, nos dicen. Y además de trabajar el ocio, la socialización, evitar la marginación (en gran medida), y crear y difundir cultura, pretender llevar toda la experiencia acumulada durante esos diez años al mundo del trabajo: quieren crear una empresa que les proporcione un medio de vida. También es cierto que no saben cómo relacionarse con la administración. El desconocimiento mutuo es total. Pero seguramente, en este campo es la administración la que debe dar el primer paso. Por lo menos debe hacerles llegar información sobre las iniciativas que ya están en marcha y sobre las convocatorias de ayudas, a la vez de mostrar interés por las iniciativas de estos jóvenes, abriendo caminos al diálogo. Ningún organismo nos ha mostrado nunca su interés, nadie ha venido a ver qué grupos musicales tenemos, o el modo en que trabajamos. Así expresa su queja Txuso de Buena Vista. Pero al mismo tiempo, reconoce que se han automarginado. Y que ellos tampoco han buscado la ayuda de los organismos públicos, ni siquiera la han querido. De todas maneras, cree que conocer lo que hacen los organismos públicos tampoco es tarea fácil. ¿Dónde, cómo hay que buscar las ayudas? se preguntan. Es muy difícil moverse en el mundo de la burocracia. En las programaciones musicales que hemos realizado, hemos recibido mucha más ayuda, por ejemplo, de la casa discográfica Esan Ozenki. Esa discográfica ha realizado un trabajo mucho más eficaz en el campo de la música, que la mayoría de las instituciones. Javi Pez continúa con el mismo hilo argumental. Cuestiona la validez de la difusión del programa Gaztemaniak. Tienes que leer el periódico para saber que existe. Es decir, en definitiva sugiere que la publicidad debe recorrer canales alternativos. Buena Vista es un ejemplo extremo; en otros casos las relaciones están más normalizadas, pero resulta paradigmático. El Gazteleku de Oñati también podemos tomarlo como ejemplo extremo, pero éste también es paradigmático. Buena Vista trabaja desde 1987, desde el momento en que ocuparon un local que en su tiempo fue escuela, y comenzaron a trabajar como asociación. El organismo Proyecto Buena Vista, Asociación Musical tiene unos 100 miembros, y cada uno de ellos aporta 2.000 pesetas mensualmente, para gastos de mantenimiento y trabajos de renovación. Tiene un grupo directivo que se renueva anualmente, y los programas a desarrollar los deciden en asamblea. Gracias al trabajo de los jóvenes, han preparado 11 aulas de ensayo. En este momento son una treintena los grupos que ensayan en sus locales. En todos estos años, sus miembros han grabado varios discos. Y el estilo musical Buena Vista ha logrado echar raíces, porque también funciona como colectivo de creación, ya sea para aprender a tocar, ya sea para comenzar a ofrecer conciertos, ya para grabar las primeras notas. Este tipo de iniciativas tienen su importancia, aún cuando se encuadren en la automarginación, o aún cuando muestren cierto posicionamiento antisistema. No las podemos dejar al margen. . |
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Es evidente la necesidad de la administración y de los técnicos de adecuarse a la realidad cultural. Y esa adecuación será resultado del diálogo. Así se convertirá el técnico en intermediario, y eso es precisamente lo que el técnico tiene que ser. Las iniciativas dirigidas a los jóvenes de cara al ocio y al tiempo libre no se pueden tomar como cuestiones marginales; ésta es una tentación en la que se cae a menudo, sobre todo entre los políticos. De hecho, se consideran marginales bien porque son vistas como basadas en comportamientos alternativos y antisistema o bien porque, aún no siendo así, no se les concede la importancia real que tienen, no son tomadas con la debida consideración. Debemos dar la importancia que tienen a esas iniciativas, debemos estudiarlas y entenderlas, y debemos ofrecer recursos suficientes y eficazmente a los jóvenes. Es importante aceptar que existe un concepto de cultura juvenil, e integrarla en el proceso de socialización, opina Patxi Hipólito. Jokin Vesga, por su parte, cree que se necesita un mayor nivel de concienciación por parte de los organismos, para darse cuenta del verdadero valor de las políticas de juventud. Hay que invertir dinero. En todo este proceso se plantea un dilema. ¿Hasta dónde hay que adecuarse a la realidad cultural de los jóvenes, y hasta qué punto hay que imponer aquello que consideramos importante? Un dilema difícil de resolver, porque en definitiva la decisión es política. Pero, impedidos por esa dificultad, no dar pasos adelante siempre es mucho peor que intentar avanzar. Pongamos un ejemplo práctico: en el Gazteleku de Oñati, se expuso a los jóvenes la cuestión de si querían hacer algo en el campo del teatro, a modo de mero comentario, y de ahí un grupo de jóvenes acudió al Gazteleku, diciendo que querían hacer teatro. Se les organizó un cursillo a la medida de sus deseos y necesidades. El cursillo funcionó, y en años posteriores se ha repetido la experiencia, a petición de los jóvenes. Tras cuatro años ya se ven los resultados, y han mostrado vocación de convertirse en grupo permanente. Esta experiencia, en su base, tiene una filosofía concreta: Que los jóvenes aprendan a dirigir sus propias iniciativas, dice Patxi Hipólito. El Gazteleku no es lugar para cursillos fijos, no es un espacio reglado, y no lo puede ser. Los cursillos son una excusa para reunir a la gente joven, y ponerla a trabajar en torno a una idea concreta. Conseguido esto, debemos ser capaces de ayudar e impulsar, de atraer a los jóvenes hacia el nivel organizativo. Ellos deben marcar qué es lo que quieren hacer, cuáles son sus objetivos, y qué pasos deben dar para lograrlos. Esta forma de pensar y de actuar no es precisamente un camino de rosas. Exige mucho esfuerzo: mucho más trabajo, mucha más implicación, y también estar mentalizado para hacer frente a todos los obstáculos y ataques. Ofrecer confianza y responsabilidad a los jóvenes, a menudo, es fuente de problemas, y en vez de intentar solucionarlos, muchas veces se utilizan como excusa para debilitar las iniciativas y cerrar los caminos de diálogo. Las políticas afirmativas exigen un compromiso presupuestario importante, y también un profundo cambio en nuestros modos de pensar. Debemos tener por objeto convertir a los jóvenes en protagonistas sociales, no en adultos sin más. Y mientras no asumamos tal objetivo, las nuevas relaciones e iniciativas culturales de los jóvenes quedarán en agua de borrajas, o se desarrollarán a merced de los medios de comunicación y del mercado, quedando al margen de todo el proceso la administración y, en consecuencia, una parte muy importante de nuestra sociedad. . |
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Frantxis López de Landatxe afirma que los técnicos de la administración necesitan rastreadores. La administración necesita mecanismos para conocer la realidad social. Necesitamos un diagnóstico en profundidad, para saber qué cultura crean y qué cultura consumen los jóvenes. Nuestra falta de conocimiento se debe, en parte, a la falta de medios para lograr ese conocimiento, pero a su vez también a los prejuicios con los que trabajamos. Si queremos ser eficaces, debemos conocer dónde se mueven los jóvenes, en qué andan. Ese diagnóstico es premisa fundamental para poder preparar un esquema de trabajo, y también, en el caso de los técnicos, para poder presentar alternativas a los políticos, conociendo las carencias existentes y marcando los caminos a seguir. Desgraciadamente, no siempre es fácil la relación entre el técnico y el político. . |
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A nivel político, la coordinación es un elemento imprescindible, y así nos lo han reconocido todos los entrevistados: la política de juventud debe ser transversal, por definición. El tema de los jóvenes es un tema general que toca todos los campos de la política: el paro, la vivienda, la cultura, el euskara... En el campo de la cultura, la opinión mayoritaria es que los departamentos de Cultura y de Euskara deben trabajar conjuntamente. Es cierto que el trabajo interdepartamental no resulta fácil, evidentemente, pero no nos queda otro remedio que profundizar en esa vía. Hasta ahora no lo hemos hecho por falta de costumbre, porque la burocracia crece sin mesura, y porque en los diferentes departamentos se dan diferentes colores políticos. Pero considero urgente organizar una Comisión Transversal entre los departamentos de Cultura y Euskara, tanto a nivel de Diputación Foral como de ayuntamientos. Cada uno realizará su diagnóstico, detectando las carencias, y después se pondrán en marcha políticas integradoras. El objetivo de todo esto sería diseñar un plan real de Cultura Juvenil. Todo esto nos plantea el hecho de la falta de coordinación entre los técnicos. Cada uno funciona por su cuenta, como buenamente puede, aplicando aquellas políticas que él considera adecuadas. En consonancia con ello, resulta también evidente la deficiente relación entre las diferentes administraciones. El tema de la juventud, además de transversal, es intergeneracional; así opina José Luis González, técnico de Cultura de Eibar. La sociedad moderna ha formado grupos de consumo diferenciados, y para cada uno de ellos ha creado objetos de consumo diferenciados, es cierto. Pero también existen iniciativas culturales lideradas por jóvenes, que han conseguido ser intergeneracionales. Tenemos el caso claro de los bertsolaris, con la transformación que ha conocido en estos últimos años: de ser una cultura de mayores, en apenas dos décadas ha llegado a ser una cultura moderna, renovadora, provocadora y experimental, y además, manteniendo su público adulto, ha conseguido acercar a los jóvenes. . |
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Debemos impulsar la producción y la difusión, ambos aspectos. Se necesitan mutuamente. Se ha citado una y mil veces la necesidad de crear centros de creación. Es verdad que durante los últimos años se han multiplicado todo tipo de equipamientos -a pesar de que en el interior de Gipuzkoa las realidades difieren mucho-, pero esto no supone, per se, una ampliación del número de jóvenes creadores. Seguramente, en general no hemos acertado plenamente en la labor de dinamización ni en la necesaria sinergia entre las fuerzas sociales y la administración. Muchos entrevistados han citado la opción de extender la fórmula de Arteleku. El primero en defender esta extensión ha sido el propio Santi Eraso. No sé si deberían integrarse, físicamente, otras disciplinas en Arteleku, pero sí a nivel programático. Debemos considerar que hoy en día el arte es cada vez más interdisciplinar, y la música, las artes plásticas, las nuevas tecnologías, la literatura, la danza, todo se une y se mezcla, afirma Eraso. Javi Pez comparte esta opinión. Y además ofrece la posibilidad de trabajar en un colectivo. Pez y, en general, los jóvenes creadores conceden mucha importancia a la posibilidad de trabajar dentro de un colectivo. La creatividad se enriquece muchísimo dentro de un colectivo. Para lograrlo, se necesitan lugares de encuentro y dinámicas de relación. La cultura creativa ha dejado de ser un trabajo romántico solitario. Y es cierto que últimamente se han formado diversos colectivos, aunque no demasiados, por ejemplo los de Dj, los de escritores, y los resultados han sido positivos. Por ejemplo, el colectivo literario Lubaki Banda, formado hace unos cuatro años, ha conseguido hacer llegar al mercado tres o cuatro escritores jóvenes de gran porvenir. Al igual que Arteleku puede abrir sus puertas a nivel creativo, el programa Gaztemaniak también puede resultar de gran utilidad a la hora de integrar disciplinas más allá de la música, para ampliar la oferta en definitiva. Convendría utilizar y extender mucho más el sello Gaztemaniak. Es cierto que en general la música, el arte, la literatura, la danza, el teatro y el cómic son disciplinas suficientemente asentadas, pero existen un par de campos en una situación un tanto inestable: el cine y las nuevas tecnologías. En lo referente al cine, sería conveniente impulsar programas para la promoción de largometrajes (en el sentido clásico y actual), por ejemplo ofrecer ayudas y organizar anualmente alguna muestra, dentro de Gaztemaniak. Este mundo de los largometrajes tiene mucho que ver con las nuevas tecnologías, ya que el cine puede difundirse actualmente mediante formatos no habituales hasta ahora, o valiéndose de Internet. . |
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También resultaría interesante relacionar a nuestros jóvenes creadores con otros jóvenes europeos. De hecho, existen programas ciertamente ambiciosos e interesantes, en países donde las políticas de juventud tienen una tradición mucho más desarrollada. Por ejemplo, en Italia. En Turín se celebra una Bienal de Jóvenes Artistas. En ella se reúnen artistas de toda Europa y de todos los ámbitos de creación: arte, moda, diseño, cocina, nuevas tecnologías... Probablemente resulte difícil llevar a cabo iniciativas de este tipo en nuestro país, pero no sería malo que posibilitáramos la asistencia de nuestros artistas a manifestaciones culturales de este carácter. La política de juventud de Turín resulta ejemplar en cierta medida. Tienen muchas infraestructuras, pero realizan el esfuerzo principal en la difusión. Así nos lo han explicado Stefano Borgogni y Renzo Gallini, técnicos de juventud de esa ciudad. Durante años hemos realizado un gran esfuerzo en conseguir infraestructuras, y ahora hemos empezado a recoger los frutos. Si ofrecemos recursos a los jóvenes, la creación vendrá por si sola. Ahora queremos potenciar la difusión, porque la creación, si no tiene salida, muere. . |
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El mundo de las nuevas tecnologías está imponiendo su presencia. Vivimos en una época en la que el correo electrónico ha derivado en herramienta para la producción artística. En Europa ya son muchos los países que, dentro de sus planes estratégicos, han decidido ofrecer a los jóvenes acceso directo a las nuevas tecnologías. Sin ir más lejos, recientemente el director de la Corporación de Radio y Televisión de Cataluña Miquel Puig ha disertado sobre este tema en el Centro Koldo Mitxelena. La carrera de las nuevas tecnologías es una carrera en la que no podemos rezagarnos, ha afirmado a la hora de exponer sus planteamientos: hemos de ofrecer a todos los jóvenes acceso a Internet y a las nuevas tecnologías. Pez considera indispensable lograr la tarifa plana de Internet. La cultura de la autoedición se encuentra ya entre nosotros. Por medio de la autoedición, se puede producir con bajo costo y buena calidad, con la posibilidad añadida de colocar esas producciones en la red. Tampoco es excesivamente difícil entrar en los canales de consumo. El consumo cultural de los jóvenes y, en consecuencia, la propia producción cultural evolucionan extremadamente rápido, afirma Eraso. Y la administración debe tomar muy en cuenta todos estos factores. Existe un mundo virtual, el de las nuevas tecnologías, y hoy en día ese es el lenguaje cultural de los jóvenes. Es imprescindible garantizar el acceso de los jóvenes a las nuevas tecnologías, y dejarles que las utilicen de modo independiente. En el mundo del consumo han cambiado mucho las cosas,por lo menos en lo referente a los soportes. Han cambiado, y continúan cambiando sin pausa; definitivamente, no estamos ante una cuestión de moda pasajera. Es evidente el grado de aceptación que ha logrado el ordenador entre los jóvenes, arrinconando al libro. Para muestra un botón: en Donostia, en el barrio de Gros, tenemos la tienda Globegame, en la cual nos ofrecen ordenadores, juegos e Internet. Vayamos a la hora que vayamos, la encontraremos llena de gente joven, y en más de una ocasión hay que hacer cola para poder entrar. Quizás sea un tipo de iniciativa aplicable en los Gaztelekus y Casas de Cultura. Fuera de la gran riada del consumismo, fuera de la influencia del pensamiento único, nos dice Eraso, hemos de impulsar que existan otras voces, que se escuchen otras voces. Hay que hacer frente a la uniformización cultural, respondiendo al lenguaje único y a la disposición mental unívoca. Es función de la administración abrir camino a las nuevas voces, a las voces menudas, críticas y diferentes, y para conseguirlo es necesario valerse de las nuevas tecnologías. Y nuestros jóvenes tienen mucho que decir a la hora de crear esas nuevas voces. Volviendo al ejemplo del principio, Backstreet Boys no es representativo de nuestros jóvenes; el grupo euskaldun Jauko Barik, sin embargo, sí lo es. . |
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Miquel Puig es de la opinión de que las nuevas tecnologías juegan a favor de las culturas minoritarias; es decir, la cultura creada en euskara no tiene más remedio que subirse al carro de las nuevas tecnologías y utilizarlas en su provecho. La juventud y el euskara son dos elementos que caminan unidos en la senda de la normalización lingüística. Del mismo modo que el tema de la juventud, el tema del euskara también es transversal. Como afirma Inaxio Agirre, técnico del Patronato de Euskara del Ayuntamiento de Donostia, la gente joven es un protagonista estratégico en el camino de la normalización lingüística, porque los jóvenes son los que en un futuro guiarán esta sociedad. Cita la necesidad de garantizar la presencia del euskara en el ocio y en la cultura: las estrategias de euskaldunización deberían ir unidas a las estrategias a desarrollar en el campo de los jóvenes y de la cultura. Tenemos un dato muy a tener en cuenta: el 76% de los donostiarras menores de 29 años entiende euskara (dato de 1986). Tomando en cuenta este dato, deberíamos nombrar a Donostia zona de normalización intensiva, lo mismo que a la juventud como sector poblacional. El euskara, la juventud y la cultura están indefectiblemente condenados a trabajar juntos. ENTREVISTADOS Santi Eraso - Director de Arteleku José Luis González - Técnico de Cultura de Eibar Patxi Hipólito - Técnico de Juventud de Oñati Jokin Vesga - Técnico de Juventud de Irun Frantxis López de Landatxe - Técnico de Cultura de la Diputación Foral Inaxio Agirre - Director del Patronato de Euskara del Ayuntamiento de Donostia Javi Jiménez - Responsable del Gazte Txoko de Bidebieta Txuso - Responsable de Buena Vista Javi Pez - Músico y promotor Stefano Borgogni y Renzo Gallini - Técnicos de Juventud del Ayuntamiento de Turín Jóvenes creadores de Oñati . |
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A MODO DE CONCLUSIÓN, las aportaciones recogidas en el informe resumirlas como sigue: 1. Es necesario abrir todas las vías posibles al diálogo, tendiendo puentes y realizando todas las labores de intermediación necesarias. Debemos crear y trabajar la cultura del diálogo, implicando en el proceso a diferentes agentes, para impulsar el diálogo entre los implicados, a saber: Entre los técnicos de Juventud y los jóvenes de los barrios y pueblos. Entre los propios técnicos de Juventud. Entre los diferentes departamentos de Euskara, Juventud y Cultura. Entre la administración y la sociedad civil en general. 2. Debe impulsarse la metodología adecuada para lograr la coordinación entre los técnicos. 3. Puesta en común, discusión, definición e impulso de las políticas mínimas necesarias a aplicar por los técnicos. 4. Garantizar el uso público de los locales públicos. Para ello es necesario potenciar la gestión mixta. Negociar los contenidos con los propios jóvenes y delegar la organización en ellos. Al mismo tiempo, debemos garantizar que el proceso de trabajo sea democrático y transparente. 5. La Administración debe adecuarse a la realidad cultural. Para ello, el primer paso es el conocimiento de esa realidad. Sería muy interesante mantener relaciones con los medios de comunicación y con las publicaciones dirigidas a los jóvenes. 6. Profundización en el trabajo en común de los departamentos de Juventud, Cultura y Euskara, a la hora de diseñar y aplicar programas concretos. 7. Asegurar que los equipamientos culturales destinados a impulsar la producción cultural son suficientes. Dotar y equipar lugares de creación. Impulsar el trabajo colectivo. 8. Hacer un esfuerzo especial en la difusión y dinamización, tanto para que los creadores puedan mostrar su trabajo como para que la sociedad lo conozca y tenga oportunidad de consumirlo. 9. Ampliar y completar el programa Gaztemaniak. Convertirlo en un sello referencial que nos muestre una panorámica general de la cultura. Para lograrlo, trascendiendo del ámbito puramente musical o junto con las manifestaciones musicales introducir otra serie de disciplinas en las actuaciones. Algunas de ellas de nuestros propios creadores. ¿Porqué no ofrecer, por ejemplo, un espectáculo de danza contemporánea y un concierto de música en el mismo acto? 10. Difundir al máximo el programa Gaztemaniak por los pueblos. Obviar la tentación de limitarnos a Donostia. 11. Impulsar nuevas tecnologías. Garantizar que los jóvenes las tengan a su alcance. 12. Existen determinados campos, apenas trabajados y sumamente interesantes para realizar un trabajo de difusión, por ejemplo los cortometrajes. Debemos impulsar la producción -tengamos en cuenta que con las nuevas tecnologías se puede producir de manera sencilla y con bajo coste- y organizar un festival o unas jornadas. Existen condiciones para ello: la tradición del Festival de Cine de Donostia y el programa Nosferatu; el trabajo que realizan Arteleku, el Centro Sarobe, la Casa de Cultura de Larrotxene, ... 13. Posibilitar que nuestros jóvenes acudan a programas europeos. Por ejemplo, al festival de Turín. . |
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