INFORMES:

Joxe Felix Azkarate Xarra - Responsable de la casa discográfica “Gaztelupeko Hotsak”
Iñigo Argomaniz - Responsable de la promotora “Get-In”

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La discusión comenzó con el análisis de las relaciones entre la administración y los jóvenes. El responsable del Gazteleku de Oñati y técnico municipal de juventud Patxi Hipólito, y Roger Martínez, sociólogo catalán están de acuerdo: el único modo de llevar adelante el problema que existe entre la administración y los jóvenes es buscar el modo de impulsar el dialogo, evitar la imposición, estar abierto a los jóvenes y unir deseos, pasiones y proposiciones. En este proceso deben implicarse asociaciones, creadores, empresa privadas y jóvenes, para que, enlazando entre todos unas acciones con otras, vaya surgiendo una dinámica cultural. Al fin y al cabo, el quehacer de la administración, según Hipólito, queda resumido en dos ideas principales: la utilización de formas democráticas y la dotación de infraestructuras adecuadas, y para ello es imprescindible el apoyo político. “Los técnicos municipales tienen que tener a su favor los departamentos de juventud para poder hacer su trabajo, así como equipamientos adecuados, y además contar con la posibilidad de poner en marcha una democracia directa a la hora de gestionarlos”, dice Hipólito. “Cuando en este ámbito no existe unanimidad entre los políticos, es difícil poder actuar en el ámbito juvenil”.

El Gazteleku de Oñati se enfrenta en estos momentos a una serie de cambios. La teoría siempre crea inquietudes a la hora de llevarla a la practica, y por eso es interesante conocer un caso practico como el de Oñati. “Lo más importante es impulsar con fuerza la participación de los jóvenes, con más razón incluso cuando existe esa reivindicación en el pueblo –opina Hipólito–. La negociación que están llevando a cabo el ayuntamiento y los jóvenes de Oñati se puede resumir en cuatro puntos: el ayuntamiento, los jóvenes y las asociaciones están buscando la manera de llegar a un consenso pactado; se intenta acordar que el técnico de juventud pueda trabajar utilizando técnicas cualitativas; hay que ver si efectivamente existe una buena disposición por parte de los jóvenes y de las asociaciones para trabajar en colaboración; y, por último, hay que buscar sinergias para crear una dinámica a través de efectos”.

La preocupación de los técnicos de muchos pueblos es como hacer realidad todas esas ideas de utilización del dialogo y de las formas democráticas, por dónde empezar, hasta dónde se puede llegar, como andar el camino. La opinión de Hipólito es la siguiente: “La actitud que tenemos en la administración es, a menudo, la de querer estructurarlo y articularlo todo. Por ejemplo, siempre se pide un representante que haga de interlocutor. Pero la realidad es muy diferente. Nosotros ahora estamos hablando con toda la gente. Hay grupos que se mueven por su cuenta y hay quienes tienen con nosotros una relación más fija, pero en estos momentos hablamos con todos. Eso es el fruto de muchos años de trabajo, y lo hemos entendido siempre como una función del Servicio de Juventud; ese es nuestro trabajo, es decir, acercarnos a todos los jóvenes y plantear esa relación. Lo que al principio no era mas que interlocución, son ahora tratos para llevar adelante proyectos. Sin embargo, no es real decir que ha surgido coordinación con todos los grupos. Eso es muy difícil de conseguir, y además no sé si nosotros podemos impulsarlo desde la administración. Creo que es muy peligroso. Lo que nosotros tenemos que demostrar es la voluntad clara de querer estar con los jóvenes, de hablar con ellos y ayudarles a sacar adelante proyectos. Todos estos pasos son tan importantes que los propios jóvenes tienen que definir cómo y cuándo quieren que se haga. Y lo que a nosotros nos corresponde es vigilar el proceso”. Crear movimientos artificiales es peligroso, en opinión de Hipólito, porque las fuerzas se pueden gastar en vano en una iniciativa que los jóvenes no sienten realmente. Y esa puede ser una de las tentaciones de la administración. En ese sentido, el director del Centro Cultural “Koldo Mitxelena” y técnico de Cultura de la Diputación, Frantxis López de Landatxe es más atrevido, pues en su opinión sí es tarea de la administración, entre otras, la de juntar a los creadores y ser dinamizadora de las relaciones que se establezcan entre ellos.


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DOS ASPECTOS DESDE LA INICIATIVA PRIVADA

Es interesante para el trabajo de los técnicos de la administración saber cómo actúa privada y qué finalidad tiene, ya que también tendrán que trabajar juntos, y muchas veces no se sabe a ciencia cierta si deben ser colaboradores o competidores. La discusión sobre cuál es el ámbito donde actúa la iniciativa privada en el terreno del consumo, y cuál es aquel en el que debería actuar la administración, es también una discusión muy interesante. Y la cuestión acerca de cómo trabaja la iniciativa privada y qué relación tiene con la administración apareció a través de dos modelos de promotores muy diferentes.

La empresa “Get-in”, dirigida por Iñigo Argomaniz, organiza generalmente grandes conciertos, tanto con grupos de nuestro entorno como con grandes grupos internacionales. En su opinión, en Guipúzcoa hay buenos equipamientos para organizar este tipo de conciertos, “es uno de los mejores sitios de Europa”, opina Iñigo. Pero, al parecer, la administración no ha mostrado el suficiente respeto hacia la música pop y rock –hacia la música joven, en general–, al menos, no tanto como el que le dedica a la música clásica, al jazz o al folk. Para él esta claro que actualmente son los espónsores quienes han empezado a cubrir el trabajo que corresponde a la administración, y que gracias a ellos le resulta mucho más fácil a la iniciativa privada organizar conciertos gigantes. Pero eso no aporta ninguna solución a los problemas e inquietudes de los pequeños grupos vascos. A fin de cuentas, la rentabilidad es lo que prima en el mundo del mercado.

Joxe Felix Azkarate Xarra es miembro y promotor de la casa discográfica “Gaztelupeko Hotsak”. Es una casa discográfica que trabaja con grupos cuya actividad se desarrolla en euskara, y es de destacar que la empresa lo hace todo, la producción, el reparto y la promoción, todo. Y, además, también le hace un hueco a la literatura. Al fin y al cabo, se trata de un grupo de amigos reunidos por su afición a la cultura. Ninguno de ellos vive de este trabajo, pero, al menos, tratan de no perder dinero. Saben por experiencia que las relaciones con los ayuntamientos suelen ser intrincadas. Xarra opina que “la relación de palacio con el pueblo es complicada”. Además cree que la diferencia existente entre la provincia y la capital salta a la vista, tanto desde el punto de vista de la dinámica –porque en la capital se programa mucho mas– como en cuanto a infraestructuras. En ese sentido, Xarra deja entrever el reverso de la forma de ver las cosas que puede tener Argomaniz. Asímismo, cree que los músicos de los pueblos tienen menos oportunidades de tocar en la capital. Otro problema es la tendencia del consumo. Opina que el consumo de los jóvenes esta muy encauzado, y eso, en cierta medida, cierra las puertas a otras culturas, empezando por la que se produce aquí.

Argomaniz se mueve en un macro mercado y Xarra en un micro mercado. El uno en la capital y el otro por toda la provincia. Uno con grupos grandes y otro con grupos pequeños. Uno forma parte de una empresa y el otro más bien de un grupo de amigos. Son dos puntos de vista completamente diferentes, pero complementarios para conocer la realidad del mercado.


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CULTURA Y CONSUMO

¿Qué papel debe jugar la administración ante el mercado? Esa es la pregunta que surge a continuación. Definir el quehacer de la administración en el campo del consumo de cultura es algo que produce preocupación. En opinión de Landetxe, es el mercado el que marca las pautas de consumo, y para ello no necesita de la administración. Es más, cree que la administración debe fomentar el consumo de otro tipo de productos. Por su parte, Roger Martínez, al definir el valor social de la cultura, da una enorme importancia al consumo. “Es importante que la administración participe en el consumo, por dos razones: la primera, para evitar que haya diferentes capacidades de consumo. No todo el mundo tiene las mismas oportunidades, y la administración debe garantizar esas oportunidades. De la misma manera que existen bibliotecas con todos los libros del mercado, la administración debería ofrecer discos y música. La segunda razón es que hay que tener en cuenta que el consumo hace surgir lo que se puede denominar geografías culturales, que a su vez van creando una nueva cultura tradicional, por ejemplo, la cultura pop. Por eso, es básico dejar esas nuevas tradiciones en manos de los jóvenes, pero, por supuesto, después de haberlas hecho pasar por un tamiz más crítico. Porque eso es lo que no ofrece el mercado; el mercado ofrece inmediatez, lo que más se vende en cada momento. Nada más. La administración debería impulsar una relación más sutil y compleja entre los sujetos y los objetos de consumo”. Landetxe ve uno de los fallos de la administración en el hecho de que esta no sepa vender su actividad; no acierta con el marketing, “no se conoce lo que ofrecemos como se debería”. Y por eso tiene tan poca influencia en la sensibilidad que se encuentra fuera del consumo masivo, tan poca como poco éxito en el momento de colocar un producto de consumo en el mercado.

El técnico de Cultura del Ayuntamiento de Eibar, José Luis González, no ve las cosas muy claras en este campo. “No sé si últimamente no andamos un poco perdidos. No sabemos muy bien cuál es nuestro papel. Yo siempre llego a la misma conclusión: aquí hay una cosa que se llama mercado, y el mercado tiene muy bien marcadas sus estrategias y eso es lo que consume la mayoría de los jóvenes. ¿Qué espacio nos queda? Yo, lo que intento hacer en mi trabajo cotidiano es impulsar formas directas de consumo. Facilitar el modo de que los jóvenes acudan a conciertos, al teatro... Pero no sé si es ese mi trabajo, o si no tenemos más remedio que dar nuestro brazo a torcer ante la iniciativa privada”.

Así pues, ¿qué debe ofrecer la administración?, ¿debe imponer mercados y ceder a lo que quieren los jóvenes, o debe hacer otro tipo de propuestas? La inquietud de la técnica de Cultura de la Diputación Foral Libe Arana está en la misma dirección: su mayor quebradero de cabeza es acertar con la manera de hacer que los jóvenes acudan a los actos que organizan, saber por qué no van.

El contexto económico de la cultura y el tema de las formas de consumo crea discusión, ya que ese contexto económico de mercado y consumo tiene sus propias leyes, su propia dinámica y, además, tiene un carácter dirigista. Ante esto, el director de Arteleku, Santi Eraso, cree que la administración publica no ve claro cuál debe ser su postura. “A menudo nos olvidamos de ese carácter económico de la cultura. La cuestión es que en ese contexto surgen relaciones humanas debidas al consumo, y que de esas relaciones surge la cultura”. Roger Martínez está de acuerdo con este discurso, pues el sociólogo catalán opina que la máxima “consumo, luego existo” es cada vez más real. “Algunos jóvenes se relacionan con otros por medio del consumo. Forman su identidad consumiendo ropa, música, locales nocturnos, cine, etcétera, se socializan, y de ahí surgen las geografías sociales de la cultura”. Como muy bien indica Martínez, la cultura no es solo objeto de creación, también es obra de arte, canción... y el consumo de estos objetos crea una red de gente, más todavía entre los jóvenes.

Santi Eraso opina que la administración sigue funcionando como hace 50 años, mientras que la situación del mercado ha dado un cambio enorme. “Las antiguas pautas están en crisis. Han surgido otros efectos nuevos y confusos, y no sabemos cómo reaccionar”. Pone como ejemplo la fusión de grandes empresas hecha hace poco. “El universo simbólico está secuestrado dentro de esas grandes corporaciones de la imagen y la cultura. La fusión traerá increíbles consecuencias
a la cultura, y creo que la administración ni siquiera se ha dado cuenta de ello. Es necesario que reflexionemos de nuevo sobre nosotros mismos, que volvamos a analizar nuestra función como administración. No nos engañemos, en una FNAC se juntan más jóvenes en su tiempo libre que en una casa de cultura
. Ve muy claro que hay que encontrar medios para trabajar de otra manera. “La administración y los funcionarios tenemos la obligación moral de reflexionar y decidir a cerca de nuestro papel; de empezar a percibir la manera de hacer frente a esta realidad económica que no nos deja lugar para actuar. El mercado no tiene lugar para el arte ni para la creación, todo se reduce a cultura de consumo rápido. Tenemos que trabajar los espacios intermedios, por ejemplo, impulsar la cooperación con asociaciones, con la sociedad civil. La sociedad está cambiando. Las empresas están cambiando, trabajan en red y no tanto con el valor de la propiedad privada, lo cual trae consigo una nueva economía, y la administración debe responder para que no se imponga un paisaje uniforme, para que se oigan otras voces y se puedan contemplar otros paisajes. Y cuando digo voz me refiero a los proyectos que tiene la sociedad”.

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LA ADMINISTRACIÓN DEL MERCADO

José Luis González hace un crudo análisis. “Parece que la administración no anda muy acertada. Hay jóvenes dispuestos a pagar 20.000 pesetas en la reventa para un concierto y nosotros todavía seguimos discutiendo qué dirección debemos tomar en lo que se refiere a comunicación”. González siente preocupación ante esa fuerza absoluta del mercado: “El papel de la administración es impulsar a los creadores del futuro, pero si luego son tragados por una multinacional ¿qué sentido tiene nuestra función?”. Es una pregunta muy interesante, porque, entre otras cosas, la necesidad de fomentar otro tipo de público, otro tipo de consumo, a los que hace referencia López de Landetxe, puede quedarse en nada. Patxi Agiriano, responsable del Servicio de Juventud de la Diputación Foral habla de la necesidad de espantar al miedo. “Tenemos que perder el miedo y ver cuál es nuestro que hacer y concretarlo. La administración debe trabajar en los márgenes del mercado para ofrecer elementos que resulten interesantes, para educar a los jóvenes en otras alternativas. Es cierto que puede surgir la duda: ¿para qué trabajar si luego todo se lo traga el mercado? Sí, tenemos ese miedo, pero no sé si es muy razonable. Pondré un ejemplo claro: la administración invierte mucho más dinero en deportes que en cultura; además, el mercado privado es mucho más rico en el ámbito de los deportes que en el de cultura, y ahí ningún técnico siente miedo o preocupación. En Guipúzcoa se invierten millones y millones de pesetas en infraestructuras para deportes –¡ya nos gustaría tener la misma infraestructura para cultura!–, y la Real es un negocio redondo. Pero nadie plantea la discusión que nosotros proponemos en el campo de la cultura, es decir, si la administración esta actuando o no en favor del mercado privado. En cambio nosotros, estando en una situación mucho peor, vemos que un pequeño grupo sale adelante y nos sentimos atemorizados: si llega a ser algo y se lo traga el mercado, ¿porqué tiene que apoyarle la administración, si luego los resultados no van a revertir en ella? Eso ni siquiera se piensa en otros ámbitos. Tenemos que ser valientes, crear, producir y consumir con una actitud positiva. Y que aquellos a quienes hemos ayudado lleguen lo más lejos posible”. ¿Qué tenemos que hacer para que la gente se mueva y tenga ganas de hacer cosas nuevas? Ahí esta la clave para Agiriano. “No hemos sabido convencer a la administración, y sobre todo a la sociedad, de la necesidad que tiene la infraestructura sociocultural de una buena red de equipamientos”.

González mide el miedo con otros parámetros: “Nuestras actividades se quedan en nada ante las de las multinacionales. Estamos cada vez más perdidos en eso de crear ilusión, fomentar la participación y crear la costumbre de consumir cultura. Pero ayudamos a los jóvenes sin miedo. El miedo es que todo se nos esta viniendo poco a poco abajo y precisamente ahí es donde nosotros estamos trabajando, y no sé si no se trata de una simpleza esa obligación de pactar con los jóvenes, de hablar con asociaciones de jóvenes, de democracia, cuando las grandes empresas no hacen nada de eso y siempre salen ganando”.

El responsable de Get In, Iñigo Argomaniz, tiene muy claro que la administración no debe tener miedo sino que debe estar orgullosa de hacer un trabajo de cantera. “La administración debe fomentar la creación, pero sin esperar nada a cambio. El trabajo de producción que hace ahora la administración pueden hacerlo más tarde los jóvenes. La administración debería dar impulso a los creadores y a los empresarios, y ayudar a la gente que vaya a coordinar ese ámbito”.

Josean Castaño, técnico del Servicio de Juventud de la Diputación, nos aclara la función de la administración: “Quizás en el Departamento de Juventud tengamos una cierta ventaja frente al Departamento de Cultura, puesto que nuestra última finalidad no es producir un objeto para que sea vendido, sino el propio proceso. Y ahí tenemos un amplio campo para trabajar, aunque no sepamos a ciencia cierta hacia dónde se dirige ese proceso. Tenemos un espacio con unos medios para que los jóvenes se inicien en la creación cultural. Por ejemplo, hay una gran cantidad
de jóvenes que se reúnen para hacer música. Pues bien, ahí esta nuestro espacio, ahí podemos ayudarles. Otro espacio consiste en ofrecer localismo allí donde el mercado ofrece globalidad. Nuestro espacio está en el trabajo a nivel local”
. Patxi Hipólito nos propone un ejemplo concreto para estas ideas: “En nuestro caso, nuestro nivel esta en el ayuntamiento, que es donde tenemos grupos creadores. Ponemos nuestro objetivo al mismo nivel que el objetivo de esos grupos. Lo que ellos quieren hacer y hasta dónde quieren llegar es nuestro espacio de actuación. Es importante ayudar a los jóvenes a grabar su primer CD, simplemente porque es importante para los propios jóvenes. Esa necesidad es totalmente real, y tenemos que trabajar teniendo en cuenta los objetivos reales que tienen los jóvenes de los pueblos.

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