La elaboración
de estrategias de futuro para los jóvenes requiere ponerse
en el lugar de ellos, conocer sus necesidades y expectativas, comprendiendo
que sus demandas, al fin y a la postre, son fruto de la realidad social
que están viviendo. Desde este punto de vista, los representantes
de las organizaciones juveniles guipuzcoanas insisten en afirmar que
la primera acción de cualquier política
pública dirigida a resolver el problema de accesibilidad juvenil
a la vivienda, tiene que ir precedido de un conocimiento en profundidad
de la situación de los jóvenes y de sus demandas, insistiendo
en que la mayor parte de las veces estas realidades se dan por supuestas
para toda la juventud,y olvidando, al mismo tiempo, que en este segmento
de población existen diferencias significativas
en función de variables como: la edad, la adscripción
social y geográfica, la movilidad laboral y las posibilidades
económicas.
Pero, junto a estos factores determinantes de la demanda, las estrategias
de futuro para los jóvenes tienen que ir dirigidas a reforzar
la vivienda como bien social y a reducir los efectos negativos producidos
por las rigideces del mercado inmobiliario y de las políticas
de suelo. En este sentido, las políticas públicas de
accesibilidad a la vivienda orientadas a los jóvenes deben
estar guiadas por los siguientes criterios:
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Integración, lo que supone favorecer la inserción
del joven dentro del entorno convivencial o laboral, huyendo
de la creación de hábitat aislados que contribuyan
a aumentar la segregación social.
Equidad, que implica el diseño de actuaciones
públicas dirigidas a corregir o a reducir las desigualdades
de acceso que genera el mercado en los segmentos más
desfavorecidos,atendiendo de forma particular a la problemática
juvenil como grupo de alta vulnerabilidad.
Versatilidad, lo que requiere adecuar las actuaciones
al territorio, de forma que no necesariamente todas sean extrapolables
a partir de módulos estándars de actuación,
sino adaptándolas a cada problemática específica.
Diversificación de la oferta y de las líneas
de actuación ante la complejidad de las situaciones que
se presentan, de forma que el abanico de atención sea
amplio, tanto en relación a la demanda expresa o implícita,
como en relación a los perfiles socioculturales o socioeconómicos
de los destinatarios.
Participación de los destinatarios, tratando
de implicar a los propios jóvenes tanto en el diseño
de políticas de vivienda en función de las necesidades
expresadas como en la posterior adjudicación y venta.
Sostenibilidad, no se puede olvidar que una política
de vivienda no se realiza en el aire, sino apoyándose
en políticas de suelo que tengan en cuenta éste,
no sólo como un recurso económico a explotar,
sino como un legado a preservar por generaciones. En este sentido,
muchas actuaciones de viviendas, incluso públicas, chocan
con políticas territoriales cuanto menos dudosas, ya
que las nuevas promociones se construyen en espacios que podrían
ser utilizados para usos alternativos más acordes con
un criterio de sostenibilidad. |
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De cualquier manera, el análisis de los datos muestra que la
accesibilidad a la vivienda no es un problema de jóvenes
en sentido estricto, sino de vulnerabilidad social, donde los jóvenes,
junto con otros colectivos desgraciadamente, tienen un papel estelar,
tanto entérminos cuantitativos (no podemos olvidar que cerca
del 80% de los que demandan viviendas tienen menos de 35 años),
como cualitativos, al ser los más afectados por la precariedad
laboral y estar en peores condiciones a la hora de acceder el mercado
inmobiliario.
Dado los condicionamientos reales en los que se enmarca el problema
de la vivienda, una política eficaz no es aquélla que
plantea objetivos inalcanzables, por muy legítimos que éstos
sean, sino la que se mueve en ese margen estrecho conformado, por
una parte, por las oportunidades otorgadas a través de la política
urbanística y de vivienda en aras a alcanzar los objetivos
deseados y, por la otra, por su adecuación a las sinergias
ofrecidas por el mercado. Aquí adquieren mucha importancia
la idoneidad y efectividad de los instrumentos de gestión,
dada la existencia de factores concomitantes como: disponibilidad
de suelo, estructura de la propiedad, e incluso, aspectos tan subjetivos
como la cultura de la vivienda, que pueden hipotecar definitivamente
el logro de los objetivos. Así, por ejemplo, muchas veces es
más efectivo acudir a una enajenación a precio pactado
que a una expropiación, a pesar de la legitimidad de ésta,
por mucho que la operación se encarezca. Idénticamente,
ya hemos visto cómo a pesar de los intentos loables de impulsar
la vivienda en alquiler, ésta no ha funcionado de forma totalmente
satisfactoria debido a la propia dinámica del mercado de alquileres
en relación a la propiedad. Lo mismo ha sucedido en las políticas
de vivienda protegida, donde los costes de construcción han
condicionado en la práctica la efectividad de las mismas. Quiere
esto decir, que una política de viviendas progresista no es
aquélla que plantea objetivos ambiciosos sin más, sino
la que es capaz de implementarlos
estratégicamente a partir de las posibilidades ofrecidas por
el mercado. La histo-ria del urbanismo está llena de proyecto
impecables que jamás se realizaron, precisamente por no tener
en cuenta este aspecto.
En este contexto, es precisamente donde hay que situar las dificultades
reales a la hora de abordar una política de vivienda dirigida
a los jóvenes. Las dificultades radican en el estrecho margen
en el que se mueve, dada la capacidad limitada de promoción
directa que tiene la administración, teniendo que actuar tratando
de mantener un equilibrio entre objetivos que son de por sí
contradictorios: garantizar una tasa de beneficios razonable que haga
atractiva la intervención de los operadores privados en la
promoción de vivienda protegida y, al mismo tiempo,
atender las necesidades sociales de los grupos más vulnerables,
entre los cuales se encuentran los jóvenes o, al menos, ciertos
sectores de éstos. Esta divergencia de intereses contradictorios
en sí mismos explica el por qué las promociones de vivienda
pública no están exentas de las tensiones que sacuden
al mercado inmobiliario y que se expresan en las concomitancias que
afectan a ambos segmentos de la vivienda.
En este marco, tal como se ha dicho anteriormente, siendo conscientes
de que no se puede hablar de una política de vivienda para
los jóvenes, como tampoco tendría sentido hablar de
una política de vivienda para la tercera edad, sino para aquellos
jóvenes que no tienen posibilidades de acceso ni recursos económicos
para acudir al mercado, no cabe duda que las posibles estrategias
a adoptar en el caso de Gipuzkoa pueden ser de diverso signo y exigen
una mentalidad un
tanto imaginativa que es preciso despertar.
No obstante, antes de detallar las posibles estrategias a adoptar
en el caso guipuzcoano, no se puede olvidar que la eficacia de las
mismas depende enteramente de las posibilidades reales de ser llevadas
a cabo. En este sentido, la política de viviendas para los
jóvenes, al igual que para cualquier otro sector desfavorecido,
está condicionada por el control efectivo del suelo por
parte
de la administración, tanto local como autonómica.
No es extraño que la Ley del Suelo hiciera especial hincapié
en desarrollar instrumentos efectivos para la adquisición de
Patrimonio Municipal de Suelo. Dicho de otra forma más sencilla,
si no hay suelo a precios razonables para promover políticas
de vivienda protegida bien de forma directa o a través de intermediarios,
poca efectividad tendrán éstas. Desde nuestro punto
de vista, es ésta la condición de partida que hipoteca
de hecho la eficacia de las políticas de vivienda en escena.Haciendo
tabla rasa y dando por supuesto este escenario, las propuestas que
a continuación se recogen están divididas en tres grupos
atendiendo a la naturaleza del tipo de las ctividades involucradas.
En este sentido, se han distinguido tres tipos de actividades: de
análisis y exploración, de diseño y promoción,
y de gestión.
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| 1.
NECESIDAD DE CONOCER EN DETALLE LA DEMANDA JUVENIL DE VIVIENDA,
DE LO MACRO A LO MICRO |
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Es evidente
que la solución al problema de la vivienda de los jóvenes
requiere de un conocimiento en detalle, dado que ni todos los jóvenes
son iguales, ni la problemática es la misma en todos los municipios.
Por esta razón, se echa en falta la necesidad de descender
al ámbito de lo local, para conocer in situ la demanda efectiva
de los jóvenes, de sus propuestas y alternativas, en aras a
impulsar posteriormente políticas efectivas de vivienda.
De hecho, existen precedentes en esta dirección. Así,
en la redacción del avance de las DOT se contemplaba la posibilidad
de potenciar desarrollos residenciales para la Tercera Edad en algunos
municipios de la C.A.P.V. Al margen de la adecuación o no de
este tipo de propuestas, pueden constituir un precedente para ir explorando
nuevas alternativas en relación a los jóvenes.
Desde nuestro punto de vista, las estimaciones de demanda a nivel
global no solucionan el problema que requiere un tratamiento en detalle,
dado que, por una parte, es necesario conocer las diversidades de
públicos objetivos existentes y, por la otra, el escenario
que presentan los municipios es muy diferente. No es lo mismo un municipio
que está presionado por crecimientos residenciales sostenidos
en las últimas décadas, que otro que está en
recesión o cuando menos
en situación de estancamiento.
En este sentido, pueden explorarse diversas posibilidades a la hora
de realizar una estimación en detalle de las necesidades de
vivienda juvenil, pero, desde nuestro punto de vista el término
Area Funcional establecido por las D.O.T., puede ser un buen punto
de partida para una exploración real de las necesidades de
los jóvenes y llevar adelante una planificación coordinada,
dado que se trata de un concepto supramunicipal que permite combinar
la preferencia expresada por vivir en un radio de acción determinado
con un cierto grado de movilidad espacial.
En definitiva, con esta propuesta no se pretende confinar a los jóvenes
a aquellos municipios adonde nadie quiere ir, pero, sí creemos
que una política decidida de dinamización residencial
orientada a gente joven puede ser un gran elemento de revitalización
urbanística.
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| 2.
NECESIDAD DE POTENCIAR HÁBITATS ALTERNATIVOS EN CONSONANCIA
CON ESTILOS DE VIDA JUVENILES |
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Un análisis
cualitativo de la demanda juvenil puede poner de manifiesto la diversidad
de estilos de vida emergentes, donde la transitoriedad, movilidad
y valores concomitantes puedan dar lugar a la búsqueda de hábitats
alternativos que permitan, si no solucionar, sí paliar la necesidad
de vivienda juvenil.
Experiencias como la que se está llevando a cabo por el Ayuntamiento
de Donostia San Sebastián construyendo alojamientos en
áreas calificadas para equipamientos, son un botón de
muestra de las posibilidades abiertas por el planeamiento, que deben
seguir potenciándose aunque no constituyan, ni lo pretenden,
añadiríamos, una solución definitiva al problema
de la vivienda
juvenil.
Es evidente que la plasticidad que los itinerarios juveniles tienen,
al menos durante un período 54determinado, constituyen la base
para este tipo de actuaciones. El carácter temporal, rotatorio
de estos hábitats cubren las necesidades de alojamiento durante
un período determinado, y sirven de puente durante una etapa
de la vida, hasta decidir incorporarse definitivamente al mercado
inmobiliario, una vez que se ha encontrado la estabilidad necesaria.
Este tipo de actuaciones son especialmente recomendadas en municipios
de un cierto tamaño demográfico.
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| 3.
INCENTIVACIÓN DE UNA POLÍTICA DE ACCESO ESPECIALMENTE
EN ÁREAS EN DECLIVE |
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Tal como
se ha dicho a lo largo del informe, se está produciendo un
cierto relevo generacional en áreas, como algunos cascos viejos,
que tienen ciertos síntomas de degradación y que sirven
de refugio a los jóvenes por el hecho del menor valor de la
vivienda. Extendiendo esta lógica hacia otras áreas,
cabría la posibilidad de incentivar la adquisición y
empadronamiento en áreas sujetas a rehabilitación, mediante
un tratamiento favorable, bien vía subvención, o bien
desgravación
a los menores de 35 años. Existen algunos precedentes en este
sentido que pueden servir de base para impulsar políticas de
recuperación de áreas afectadas por signos de recesión
demográfica.
Estas áreas pueden sentir los efectos beneficiosos de un relevo
generacional, si además se impulsan estas políticas
de accesibilidad con políticas complementarias de equipamientos
que refuercen este proceso. El éxito de experiencias orientadas
a la descentralización de equipamientos culturales insertándolos
en los cascos viejos, o al aprovechamiento de viejos equipamientos
en desuso para actividades juveniles llevadas a cabo en distintas
ciudades fuera del País Vasco, son un buen exponente.
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| 4.
LA VIVIENDA VACÍA, UN RECURSO A UTILIZAR |
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A lo largo
del informe se ha hecho hincapié en la importancia que tiene
la vivienda vacía como un recurso que proporciona un margen
de maniobra a las políticas de vivienda actuales, y que, por
distintas razones, entre ellas la complejidad de su gestión,
ha pasado como de puntillas a lo largo de los últimos años.
Es más, nos atreveríamos a decir que el propio intento
de cifrarlas exactamente ha levantado una cierta polvareda.
Sin embargo, siendo conscientes de estas limitaciones, la realidad
del País Vasco y de Gipuzkoa en particular, muestra la necesidad
de abordar con valentía este problema. En un contexto de escasez
de suelo, de alto grado de consolidación urbanística,
y sobre todo, con la urgencia de acometer políticas de vivienda
sostenibles basadas en un planteamiento razonable del suelo, es necesario
explorar esta vía para conocer exactamente su potencialidad,
a fin de evitar las controversias derivadas el enorme decalage existente
entre las viviendas vacías censadas y las reales.
Se nos hace absolutamente inviable una política intensiva de
construcción de vivienda nueva al precio de hipotecar determinados
espacios que deben ser preservados para otro tipo de usos. Esto es
más grave en un contexto de recesión demográfica
como el actual y con una tasa aproximada de desocupación residencial
del 12%.
Es evidente que la apelación a la vivienda vacía genera
una cierto rechazo, en la medida que parece preconizar una especie
abolición de la propiedad privada. Nada más
lejos de la realidad. Pero, de la misma forma que el urbanismo se
ha ido dotando de instrumentos jurídicos en areas a defender
una visión del suelo como un recurso colectivo, ninguno aceptaríamos
hoy una concepción del derecho de propiedad como la de hace
cien años. De la misma forma habría que proceder en
el caso de la vivienda.
Consecuentemente, se trata de incentivar o penalizar, según
se mire, a través de distintos de medidas: subvención
o ayudas a los compradores o a posibles arrendatarios y, por el contrario,
de penalización fiscal para aquellos que, por distintas razones,
retienen vivienda de forma injustificada. La diversidad y complejidad
de las situaciones deberá exigir una cierta dosis de imaginación
legislativa. Lo principal es que un volumen importante de vivienda
vacía retenida
aflore al mercado y, de este modo, pueda hacerse una política
de choque que contrarreste la creciente subida de los precios en un
mercado fuertemente especulativo. Lo que no es de recibo es que la
satisfacción de las necesidades de vivienda suponga una hipoteca
para las generaciones venideras debido a una política insensata
de crecimientos incontrolados.
Obviamente, a partir de los dicho anteriormente, se desprende que
el afloramiento de la vivienda vacía no debe concebirse como
una política para jóvenes. Pero no cabe ninguna duda
de que puede ser un mecanismo que permita el acceso de éstos
a la vivienda, más si cabe, cuando lo jóvenes se vean
favorecidos por políticas complementarias de subvención.
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| 5.
LOS ALQUILERES SUBVENCIONADOS COMO FORMA DE FLEXIBILIZAR EL
PROBLEMA DE LA ACCESIBILIDAD |
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Ya se
ha insistido convenientemente en la rigidez del mercado inmobiliario
centrado casi exclusivamente en la cultura de la propiedad; aspecto
éste que se ha visto favorecido por la transformación
operada en los últimos años en los instrumentos financieros
en escena. Asimismo, ha quedado patente el alcance limitado del mercado
de alquileres, al no poder competir con la ventaja que supone un abaratamiento
progresivo de los tipos de interés, que inclina a los demandantes
a optar por la compra, que siempre tiene la ventaja de la patrimonialización
del bien inmobiliario en un contexto en el que, desde el punto de
vista de la economía familiar, no existen diferencias perceptibles
entre destinar a pagar la cuota de amortización mensual del
crédito hipotecario o al pago del alquiler.
A pesar de los instrumentos y de la diversidad de ayudas tanto para
la adquisición de vivienda para arrendamiento como para arrendamiento
protegido, lo cierto es que la oferta de este tipo de viviendas
es relativamente precaria, tal y como se puede comprobar en las promociones
actualmente en curso.
Sin embargo, creemos que no se puede despreciar la potencialidad de
este segmento de la vivienda. Tal y como se ha visto en otros países,
existe mucho margen de maniobra a la hora de incrementar la oferta
de vivienda en alquiler, el problema es cómo y en qué
condiciones.
Desde la perspectiva de los jóvenes, entendemos que debe actuarse
en dos direcciones: en la vivienda nueva, promoviendo la vivienda
de alquiler con opción a compra, y en la vivienda usada, promoviendo
una política de alquiler subvencionado que, por una parte,
no menoscabe las expectativas del arrendador de obtener unos rendimientos
razonables en relación al mercado y, por la otra, incentive
al arrendatario a alquilar una vivienda, al menos durante un período
de-terminado de su vida. El programa ALOKABIDE puesto en marcha por
el Ayuntamiento de Donostia-San Sebastián a través del
Patronato Municipal de Vivienda, puede ser un buen botón de
muestra de este tipo de políticas.
Obviamente, una política de alquileres subvencionados tiene
un alcance limitado debido al coste de la operación. Consecuentemente,
no es una panacea que va a solucionar el problema de la vivienda de
los jóvenes, pero sí puede constituir un verdadero acicate
para muchos propietarios que, con las garantías necesarias,
estarían a dispuestos a poner su vivienda en alquiler.
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| 6.
INCENTIVAR LOS MÓDULOS DE RESERVA PARA MENORES DE 35
AÑOS EN LAS PROMOCIONES DE VIVIENDA SOCIAL PROTEGIDA
Y SOCIAL |
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Se trata
de una medida puntual, de un eslabón más dentro de una
política general de discriminación positiva potestativo
de la Administración que, junto con las anteriores, pueden
crear un marco favorable para la ampliación de la oferta de
vivienda a los jóvenes.
Ya se ha visto en el caso de las promociones de Gipuzkoa que se ha
echado mano de esta facultad en pocas ocasiones. En cualquier caso,
tal como nosotros la concebimos, se trata más de una medida
de discriminación positiva dentro de un elenco de medidas tendentes
a favorecer a aquellos colectivos considerados más vulnerables,
y no tanto de apoyar políticas indiscriminadas en base a la
edad, sexo o similares. Lo que sucede es que se da una estrecha afinidad
entre el hecho de ser joven, el grado de precariedad laboral que padecen,
y las dificultades para acceder a la vivienda. Dentro de este esquema
general hay que entender el tipo de medidas como la arriba propuesta.
En cualquier caso, las enormes diferencias existentes a la hora de
considerar la importancia de los módulos de reserva para menores
de 35 años en las distintas promociones en curso, también
son un indicador del grado de sensibilidad existente entre las distintas
administraciones locales.
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| 7.
REVISAR LOS MECANÍSMOS DE ACCESO AL CREDITO HIPOTECARIO |
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A pesar
de la flexibilización y abaratamiento de los créditos
hipotecarios, no cabe duda que el acceso a ellos está profundamente
condicionado por el mercado de trabajo, donde la estabilidad laboral
sigue siendo condición sine qua non para
su adjudicación. Es claro que muchos jóvenes se ven
impedidos de acceder a las instituciones financieras por el hecho
de no poder presentar una hoja de servicios de acuerdo
con las exigencias de las instituciones de crédito privadas,
al carecer de un contrato de trabajo fijo que respalde la concesión
del crédito. Normalmente, tal y como los propios responsables
de las instituciones privadas reconocen en algunas entrevistas realizadas:
la falta de un contrato fijo, suele ser el factor más
difícil de superar por parte de los jóvenes y, aunque
existen familiares que avalan en ciertas ocasiones las operaciones,
a las instituciones financieras no les gustan este tipo de operaciones
porque supone actuar contra sus padres o familiares que, por otra
parte, suelen ser clientes de la propia institución y que,
además, genera situaciones de fuerte desasosiego para los responsables
de las instituciones financieras.
Entendemos que una forma de desbloquear este callejón sin salida
es, revisando en la medida de lo posible las garantías exigidas
de acceso a los créditos hipotecarios. Creemos que es posible
actuar en una doble dirección considerando nuevas garantías
adicionales. En este sentido, proponemos que, ante la falta de un
contrato fijo, se considere el itinerario laboral del joven, entendido
éste como la capacidad de empleabilidad en un período
determinado, y que sea considerado
como garantía suficiente para respaldar su solicitud, actuando
las instituciones públicas como garantes subsidiarios ante
las instituciones financieras; o complementariamente, proponemos abrir
una especie de línea de crédito especial en una
institución pública que facilite directamente los créditos
a las personas demandantes.
Nos consta que existen precedentes, y de hecho alguna institución
de ahorro ya está considerando esta posibilidad. Creemos además
que tendría un gran atractivo ya que no se puede olvidar que
el crédito hipotecario constituye el gasto más importante
que realiza una persona a lo largo de su vida y, al mismo tiempo,
es una fuente de negocio y de fidelidades adicionales en términos
económicos.
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| 8.
FLEXIBILIZAR LA OFERTA DE VIVIENDA NUEVA CONSTRUIDA REDUCIENDO
EL TAMAÑO |
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En relación
a la vivienda nueva en el mercado libre, se ha hablado mucho de la
necesidad de reducir el tamaño constructivo, no sólo
como un mecanismo de ajuste a la reducción de los hogares,
sino sobre todo, como una posibilidad efectiva para reducir el precio
final de la vivienda, dado el impacto del precio del suelo sobre la
misma.
Los datos aportados muestran un claro desajuste entre la oferta y
la demanda, de tal forma que mientras existe un excedente en viviendas
de 90 m² y superiores; en tanto que en el caso de las viviendas
entre 60 y 75 m² ocurre absolutamente lo contrario. Parece evidente
que, dado los precios prohibitivos del mercado, el único margen
de maniobra existente dentro del segmento de vivienda nueva libre
es reducir el tamaño, de cualquier manera. A pesar de ello
su eficacia es bastante limitada, dado que el precio medio de una
vivienda de este tamaño en el mercado libre ronda en torno
a los 30 millones de pesetas, cifra realmente impensable para tres
cuartas partes de la población.
Para finalizar, queremos señalar que el elenco de medidas propuestas
ni son las únicas ni constituyen una especie de panacea para
solucionar el problema, no sólo de la vivienda joven que nos
ocupa, sino en general. Suponemos que queda patente que todas las
medidas anteriores, excepto la última, pasan por la necesidad
de potenciar y de aumentar la intervención pública en
la promoción directa e indirecta de viviendas. Es una
obviedad y hemos dado por supuesto que no existe solución al
problema de la vivienda sin el decidido apoyo de la Administración,
tanto a escala de la C.A.P.V. como local. Experiencias de coordinación
como la existente entre el Patronato Municipal de Vivienda del Ayuntamiento
de Donostia-San Sebastián, y Etxebide dependiente de la Consejería
de Vivienda y Asuntos Sociales son absolutamente necesarias para lograr
una política de vivienda integrada que evite las disfunciones
propias de
la actuación por separado y que han generado, tal y como algunos
entrevistados han manifestado,un cierto desconcierto entre los posibles
beneficiarios.
En definitiva, el problema de la vivienda no es un problema de jóvenes,
sino de vulnerabilidad social, donde los jóvenes tienen un
rol importante. No podemos olvidar que una política razonable
es aquélla que trata de enfrentarse a la incertidumbre del
futuro estableciendo directrices que permitan diseñar un horizonte
abierto en el que las sucesivas generaciones puedan ser artífices
de su propio destino. Si esto es importante en todos los ámbitos
de la vida, lo es mucho más en temas como el que nos ocupa,
donde por desgracia las equivocaciones suelen ser irreversibles durante
generaciones. Quizás la política de vivienda debería
inspirarse en aquel viejo concepto de habitar entendido
como la materialización más sublime de las experiencias
íntimas y relacionales de los seres humanos, y no tanto como
una expresión de prestigio y de status de la cual
no acabamos de desprendernos, pero esto es harina de otro costal y
merece un estudio aparte.
Universidad de Deusto
Febrero de 2002 |
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