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Definir la juventud como colectivo es asumir una definición tan global como la de que l@son las personas que, por edad, se encuentran entre la adolescencia y la edad adulta. La sola intención de pretender sectorializar este estrato de población supone una complicación importante ya que estamos hablando de un grupo de personas que,en términos demográficos se caracterizan por tener entre 16 y 29 Años. Hablamos, por tanto, de un sector social extremadamente heterogéneo. Las diferencias en cuanto a edad, sexo, clase social de origen, nivel de estudios, etc. Complican la posibilidad de elaborar un análisis que resulte válido para la juventud en su conjunto, al menos en lo referente al problema del desempleo. Como comentamos arriba, la sectorialización de la juventud en función de la edad,el nivel de estudios o el nivel socioeconómico complicaría excesivamente el análisis, cuando lo que pretendemos es guiar la definición del problema del empleo en su incidencia en la juventud desde un enfoque común. En este sentido hemos tomado como punto de referencia para el análisis de la problemática de la juventud para insertarse en el mundo laboral los distintos momentos en que se puede dar por finalizada la etapa de estudiante, que es la que determina el momento en el que se puede tener acceso a la vida laboral. Pensamos que la finalización del periodo formativo reglado determina y diferencia la problemática, las acciones y las necesidades de aquell@s jóvenes que quieren insertarse activamente en el mercado de trabajo. Antes de comenzar el análisis propiamente dicho, nos parece adecuado dar unas indicaciones sobre la realidad que lo va a guiar: Una de las principales novedades estructurales que supuso la reforma educativa fue la prolongación de la educación obligatoria de los 14 a los 16 años, además de la optimización y el afianzamiento de la Formación Profesional como itinerario educativo completo y que deriva en una cualificación profesional directa actualmente reconocida. Un/a joven de 16 años que consigue superar los objetivos de la Educación Secundaria Obligatoria puede seguir en la vía educativa por dos caminos: el Bachillerato, que le lleva a la educación Universitaria o a los ciclos formativos de grado superior; o los ciclos formativos de grado medio. Una vez que se realiza un ciclo de grado medio, hay que cursar el Bachillerato para acceder a uno de grado superior. Además,e independientemente del momento formativo en el que se encuentren, nos encontramos con jóvenes que, por diferentes motivos, forman parte de otros colectivos más globales (minusválid@s, toxicóman@s, etc.) con dificultades especiales en lo que a inserción laboral se refiere. Así,en el análisis que a continuación presentamos incluimos: Jóvenes sin cualificación.. Jóvenes que finalizan el Bachiller.. Jóvenes que han finalizado los diferentes ciclos de Formación Profesional.. Otros colectivos.. |
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En el caso de que un/a joven no supere los objetivos de la Educación Secundaria Obligatoria se le abren dos alternativas: 1. Dejar de lado toda experiencia relacionada con la educación reglada, lo cual supone, bien insertarse en el mercado de trabajo (normalmente a través de la economía sumergida), o bien no hacer nada. Es cierto que con 16 años l@s jóvenes, adolescentes aún, que acceden al mundo laboral son una minoría. Una de las causas que tradicionalmente se ha atribuido a que un/a muchach@trabaje a esta edad ha sido la necesidad económica en el seno familiar. Lo que se viene a afirmar desde esta perspectiva tradicional es que l@s jóvenes procedentes de familias con menos recursos tienden a interrumpir su formación para incorporarse prematuramente al mercado laboral con el fin de contribuir al sostenimiento económico familiar, o simplemente no continúan formán- dose porque los estudios post-obligatorios no son gratuitos. L@s jóvenes que con 16 años no han visto la necesidad de seguir estudiando ni de trabajar,difícilmente llegan a reincorporarse a la educación reglada y, aunque puedan estar varios años inactiv@s, normalmente acceden al mundo laboral porque su entorno no admite su no productividad que, además, implica un importante gasto. Esto motiva que hacia los 18 años l@s jóvenes desescolarizad@s y sin experiencia laboral accedan al mundo laboral o decidan adquirir una cualificación profesional a través de una vía alternativa a la reglada (a la que nos referiremos más adelante). Frente a esta situación nos parece necesario apuntar cómo para las jóvenes resulta más fácil realizar una actividad remunerada siguiendo, normalmente, la vía de la economía sumergida (cuidado de niñ@s y ancian@s, tareas del hogar, etc.)que supone un campo abierto a chicas sin cualificación. Si bien cada vez son más los intentos por hacer emerger estas profesiones (fundamentalmente a través del autoempleo, Nuevos Yacimientos de Empleo), es a lo que se agarran muchas de las jóvenes sin cualificación. Sin ninguna duda esto plantea un problema,ya que estas jóvenes se sumergen en un círculo que les satisface en lo inmediato pero que no les ofrece garantías para el futuro: no les aporta las ventajas y derechos que da un contrato, no les ofrece una cualificación profesional reconocida y, en muchos casos, ni siquiera un reconocimiento social de su trabajo. Para los varones,existen menos posibilidades de desempeñar un trabajo sin una cualificación, por mínima que sea,porque las normas que rigen la oferta-demanda en el mercado laboral no lo permiten (la figura de aprendiz está cada vez más ligada a un periodo formativo previo). El trabajo esporádico, en determinadas épocas del año y en sectores muy reducidos (hostelería, fundamentalmente), se presenta como su única alternativa. Quizá esta situación facilite su incorporación a una vía formativa que, aunque alternativa en la mayoría de los casos, les intentará cualificar profesionalmente y preparar personalmente para su inserción en el mundo del trabajo. Si a esto sumamos que la oferta para los chicos, en esa estructura formativa no formal, es más amplia y más ajustada a sus gustos que para las chicas, la diferenciación sexual en cuanto a posibilidades formativas en este ámbito es clara. 2. Integrarse en programas formativos destinados a jóvenes desescolarizad@s. Programas de Garantía Social Destinados a jóvenes desescolarizad@s de 16 a 19 años estos programas cuentan entre sus objetivos con el de la reincorporación a la educación reglada y la iniciación en alguna familia profesional en la que puedan profundizar después a través de otros programas. Sin embargo, la probabilidad de que est@s jóvenes se reincorporen a la educación reglada de la que han salido disparad@s como fracasad@s es mínima. Por otro lado, la posibilidad de seguir formándose en un oficio existe, pero una vez conseguida una mínima cualificación que facilita la inserción laboral, much@s de est@s jóvenes optan por trabajar. La necesidad de seguir formándose para conseguir una cualificación mayor surge más tarde. Por todo esto, lo más real es afirmar que este camino tiene una salida directa: la inserción en el mundo laboral. En lo que a la oferta formativa se refiere,queremos hacer referencia a la diferenciación entre sexos. Si bien es verdad que se promueve la participación de las chicas en cualquiera de las áreas formativas que se imparta, no es menos cierto que las ofertas se adaptan más a los gustos e inclinaciones de los chicos. Todavía no se ha afianzado una oferta realmente acorde con los gustos e inclinaciones de las jóvenes. En este sentido hay que reconocer que las posibilidades reales de inserción en el mercado laboral, que son las que determinan las áreas formativas, se decantan más por las profesiones tradicionalmente ocupadas por hombres. En cuanto al significado que tiene el trabajo para est@s jóvenes,destacaríamos dos aspectos. Por un lado, en general no perciben el trabajo tanto como medio necesario de realización personal, ni de emancipación (ya que todavía no tienen la emancipación como objetivo prioritario). El trabajo es, más bien, el medio que les proporciona cierta independencia económica que les permitirá asumir unos gastos que, de otra manera,no podrían permitirse, además de cubrir las necesidades económicas que pudieran darse en algunas familias. Por otra parte, tenemos que tener en cuenta que puede haber una percepción negativa del trabajo, ya que éste se ve como consecuencia de un fracaso que, aunque se califique de escolar, se extiende en muchos casos a lo personal. En l@s jóvenes que acceden a estos programas confluyen una serie de circunstancias que l@s define como colectivo con especial dificultad de inserción en el mundo laboral. Y ello no tanto porque no haya campo para ellos en el mercado de trabajo, como por su escasa preparación para asumir lo que implica el acceso al mundo laboral, la concepción del trabajo,las circunstancias socioeconómicas que les rodean, etc. Por todo ello, la formación en actitudes y motivaciones hacia el trabajo se hace primordial en el proceso formativo de est@s jóvenes. El hecho de que exista una estructura formativa que dé cobertura a jóvenes desescolarizad@s es,sin duda muy positivo. Es más,supone la alternativa más real para l@s jóvenes a los que se cataloga de fracaso escolar (entendido éste como no superación de los objetivos de la ESO). Pero los módulos de Garantía Social corren el riesgo del desprestigio, precisamente porque en él onfluyen, fundamentalmente, jóvenes que no han superado la etapa educativa obligatoria. No podemos olvidar en este punto una de las principales ventajas con las que cuenta este colectivo en lo que a inserción se refiere: la contratación de jóvenes de estas edades ofrece ventajas económicas a las empresas gracias a los contratos de aprendizaje. Escuelas Taller Las Escuelas Taller son un proyecto que pretende la formación y cualificación profesional de jóvenes desescolarizados de entre 16 y 24 años, aunque la realidad es que la edad más común de l@s alumn@s en las Escuelas Taller sea entre los 18 y los 22 años. El colectivo que accede a estos proyectos es diferente al que describíamos en los módulos de Garantía social, fundamentalmente porque incluye a personas de mayor edad cuyas motivaciones y percepción del trabajo y del mundo laboral son diferentes. Acceden a la Escuela Taller, además de jóvenes como l@s que hemos descrito antes, otr@s que ya han tenido una experiencia laboral, normalmente heterogénea, que les ha dado la posibilidad de contar con unos recursos económicos propios, aunque sólo sea esporádicamente. Est@s jóvenes buscan en la Escuela Taller una cualificación profesional, la especialización enun área que delimite de alguna manera su objetivo profesional y que les permita acceder a un trabajo estable y con mayores posibilidades de promoción. Estamos hablando, pues, de otra concepción y valoración del trabajo, como vía de mejora, realización y emancipación. En cuanto a la oferta formativa,la situación en lo referente a diferenciación sexual es similar a la que describíamos al hablar de los módulos de Garantía Social. No podemos olvidar que hay jóvenes que en esta etapa no acceden al mercado laboral o acceden a puestos que no les aportan cualificación alguna. Son l@s futur@s parad@s de larga duración con mínima cualificación, que se quedan fuera del círculo oferta-demanda. Son personas difícilmente insertables a esta edad y más aún con 29 años, cuando dejen de ser jóvenes. La formación de personas adultas, los programas de acompañamiento a la inserción de jóvenes especialmente desfavorecid@s y otros programas educativos deberían potenciarse en el marco de la compensación de las desigualdades y la lucha contra la exclusión social. |
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Una vez superados los objetivos de la ESO l@s jóvenes pueden optar por la Formación Profesional o por el Bachiller. L@s jóvenes que siguen la vía educativa por el Bachillerato pueden optar a estudios universitarios o a ciclos formativos de grado superior. La formación que reciben está dirigida a la preparación para realizar estudios superiores. Aquí nos encontramos con aquell@s jóvenes que obtienen la titulación de Bachiller y que, por una u otra razón,no van a la Universidad o no acceden a los ciclos de grado superior. Son personas formadas pero sin una cualificación reconocida para desempeñar un trabajo. Se encuentran con un mercado que no los asume dentro de ninguna categoría profesional (salvo en la Administración), y sin ningún tipo de preparación específica para afrontar el salto a ese mercado laboral que, además les ofrece muy pocas posibilidades de inserción. Otra de las barreras con las que se encuentra este colectivo de jóvenes al acceder al mercado laboral es la competencia que suponen tod@s aquell@s coetáne@s que, prácticamente con su misma edad, finalizan los ciclos de grado medio y poseen una cualificación para desempeñar un trabajo y una mayor preparación estratégica (en cuanto que la inserción laboral ha sido objetivo de su itinerario formativo), de cara a su inserción en el mercado laboral. Una de las salidas para est@s jóvenes, también desescolarizad@s, es la economía sumergida,que todavía sigue abriendo más puertas a las chicas que a los chicos (como ya comentamos con anterioridad, por el tipo de trabajos que predominan en la economía sumergida). Otra de las vías por la que pueden optar son los módulos formativos que no entran en la educación reglada o la Formación Profesional de grado medio y/o superior. Este es un colectivo que requiere, por su dificultad de inserción, una atención especial. Una vez más, el desarrollo de capacidades, motivaciones y actitudes que ayuden a orientar el objetivo formativo-profesional de est@s jóvenes se revela necesario e ineludible. |
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Puede chocar al/la lector/a de este informe que no hayamos continuado la sectorialización en este punto con los módulos de grado medio y módulos de grado superior, tal como establecería la lógica de la educación formal en este momento. La corta vida de esta experiencia modular de los estudios profesionales dificulta su análisis en lo que a posibilidades y dificultades de inserción laboral se refiere. Por esto, y porque es imposible obviar el papel de la FP en nuestro entorno, nos vamos a centrar en lo que ha supuesto la Formación Profesional en el mundo de la inserción laboral de l@s jóvenes en Gipuzkoa. Dejamos para el debate posterior la influencia del cambio establecido por la reforma educativa a este respecto. En los últimos años la Formación Profesional ha vivido una revalorización importante. Ha pasado de ser una opción de segunda categoría a ser la opción que más garantías de inserción laboral ofrece, sobre todo en su oferta más técnica (electricidad, mecánica...). A este cambio han contribuido,entre otros factores, por un lado el sector empresarial: el buen estado del sector industrial en Gipuzkoa, la gran demanda de profesionales con unos conocimientos mínimos del oficio, el afán de renovación de plantilla, los apoyos contractuales (ventajas que ofrecen las fórmulas contractuales para est@s jóvenes). Por otro lado, las ventajas que para la empresa ofrece el sistema de prácticas en la propia empresa como parte obligada del proceso formativo, así como las ventajas económicas que implican la contratación de personal en prácticas. En este colectivo de jóvenes volvemos a la reflexión que antes hacíamos acerca de la oferta formativa en lo que a diferenciación sexual se refiere. La Formación Profesional a la que tradicionalmente han accedido sobre todo los hombres (el trabajo fundamentalmente en puestos de estructura en industria) ofrece muchas posibilidades de inserción.Se ha logrado una conexión real entre oferta-demanda de empleo. Sin embargo, la mayoría de los ciclos formativos a los que todavía siguen optando más chicas (administrativo,educación especial, atención a la infancia, servicios en general) representan una mayor dificultad de inserción laboral, no sólo por que la demanda es menor, sino que además el número de jóvenes cualificados para cubrir los puestos que se ofertan es mayor. Nos referimos con esto a que la cualificación obtenida por estos estudios de FP se ve solapada por la obtenida en algunos estudios universitarios. De este modo, para un puesto de administrativo pueden competir al mismo tiempo diplomados en empresariales, personas que hayan estudiado gestión informática, etc. Este hecho, por un lado,y la constante renovación tecnológica en la industria, por otro, hace de la formación continua y la especialización un aspecto necesario. En cuanto a la concepción del trabajo, est@s jóvenes van interiorizando progresivamente que la formación que reciben está directamente relacionada con el mundo laboral, que la finalización de sus estudios les va a llevar al mundo del trabajo, con el que ya habrán tenido algún contacto gracias a las prácticas realizadas durante el propio proceso formativo. Su mayor dificultad para la inserción laboral viene de su enfrentamiento a ese mundo, su desorientación a la hora de desenvolverse en el mercado laboral, el desconocimiento de las posibles opciones laborales que les da su cualificación académica. La necesidad de seguir formándose mientras no encuentran trabajo, la importancia de seguir un itinerario formativo acorde con su objetivo profesional, etc. son aspectos a cubrir. Algun@s de l@s jóvenes que en su día iniciaron estudios de FPI no llegaron a finalizarlos, o habiéndolos finalizado, no siguieron la vía de la FPII. Est@s jóvenes se encuentran en una situación muy similar a la que apuntábamos al hablar de aquell@s muchach@s que no finalizaban la ESO. Pueden acceder a módulos de Garantía Social o a Escuelas Taller. |
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La población universitaria en estos momentos vive una de sus cotas más altas. El hecho de que demográficamente el número de jóvenes sea importante y de que en términos económicos los estudios universitarios sean cada vez más accesibles, ha permitido la masificación de las Universidades. Si bien es cierto que se prevé un descenso de dicha población (de la población joven en general) a corto plazo, por motivo, fundamentalmente, del descenso de la natalidad. Hace unos años,un título universitario era sinónimo de trabajo seguro y bien remunerado (sobre todo en determinadas carreras). En este momento el gran número de jóvenes que realizan estudios universitarios en relación con la demanda en el mercado laboral, crea un importante excedente de profesionales en cada promoción. Todavía hay carreras universitarias que presentan muchas posibilidades en cuanto a inserción;hablamos sobre todo de carreras técnicas (informática, ingeniería,etc.). En estas carreras de alto nivel de inserción laboral todavía se detecta una diferenciación en lo que a sexo se refiere: las jóvenes presentan un nivel de inserción menor y más tardío que l@s jóvenes de su misma edad y con su misma titulación. Entre l@s que finalizan sus estudios universitarios se distinguen dos tendencias: Por una parte, aquell@s que deciden continuar formándose (cursos de postgrado, máster, doctorado, idiomas, etc.). Esta opción presenta algunos riesgos a destacar: en primer lugar, existe una amplia oferta de cursos, y poca información sobre la validez real de los mismos para la inserción laboral; por otra parte, el hecho de optar por una u otra vía de especialización viene determinada por la propia oferta formativa y por su coste, sin dejar de lado las preferencias y el objetivo profesional,pero sí supeditándolos en algún caso. Por otra parte destacaríamos que el coste de esta formación es muy alto y esto supone una limitación para aquell@s que no tienen los medios suficientes para costeársela. Y, por último, el aumento de la formación y de la cualificación, que siempre supone una inversión importante de tiempo, no tiene una relación directa con la inserción. Por otra parte, l@s que se integran en el mercado laboral porque desean trabajar cuanto antes. Esta opción también acarrea sus riesgos. Se puede priorizar el hecho de trabajar al hecho de buscar la consecución del objetivo profesional. Así,much@s jóvenes realizan trabajos esporádicos y diversos que no tienen nada que ver con la formación. Esta opción permite cierta independencia económica, pero corre el peligro de desviar el itinerario profesional de l@s jóvenes. En el último informe sobre la juventud guipuzcoana l@s propi@s jóvenes establecían el tramo de edad entre los 22 y los 23 años como edad razonable para alcanzar las dos situaciones que se asocian al concepto de emancipación: ingresos y domicilio independiente de los padres. Quizá esta afirmación sea generalizar demasiado en lo que a la consecución de la emancipación total se refiere; son much@s l@s jóvenes que prefieren vivir con sus padres y permitirse una serie de gastos que satisfacen sus necesidades, antes que emanciparse completamente. En todo caso, contar con unos ingresos sí sería una prioridad generalizable a est@s jóvenes. El trabajo para l@s jóvenes que finalizan sus estudios universitarios y/o post-universitarios y quieren formar parte de la población ocupada, supone la culminación de un itinerario formativo, además de la necesidad psicológica de probarse a sí mismos que son capaces de desempeñar un trabajo para el que se han estado preparando durante largo tiempo. Pero no son pocas las dificultades que encuentren para su inserción. L@s jóvenes que terminan la carrera, salen de la Universidad para luchar en un mundo competitivo que les exige una serie de competencias e incluso conocimientos que no han adquirido, se les exige una experiencia que no tienen (que es uno de los mayores problemas cuando hablamos de l@s jóvenes que buscan su primer empleo),los idiomas que no dominan, etc. Y ante este nuevo mundo que se les abre cuentan con una única arma:su curriculum. Para est@s jóvenes existen recursos que intentan facilitar y acompañar su proceso de inserción. Por un lado, los programas de fomento de empleo, la facilitación de prácticas en empresas (ya consideradas dentro del propio curriculum) durante y después de la carrera. Y, por otro lado, las plataformas de orientación, que suponen una guía para la incorporación al mundo laboral, y van desde el análisis del objetivo profesional, pasando por la elaboración del curriculum, a la preparación de entrevistas de trabajo. Esta oferta responde a la necesidad de conocimiento del mercado laboral que tienen l@s jóvenes que salen del mundo universitario. Son acciones indirectas, difícilmente cuantificables en resultados de inserción, pero que sin duda son necesarias. El planteamiento respecto a estas acciones, si tan necesarias se ven, es por qué no están incluidas en el propio curriculum universitario. Por qué si la conclusión de los estudios universitarios es el mundo laboral, no se incluye una orientación hacia el mismo, o una visión del mismo en el periodo propiamente formativo. Por qué no dar importancia a la construcción del objetivo profesional a medida que se construye el conocimiento y las capacidades. En este sentido no podemos olvidar las iniciativas que la Universidad está empezando a promover en torno a esta problemática. Dentro de este colectivo de jóvenes no podemos olvidar a las personas que no finalizan los estudios universitarios, a las que no encuentran empleo y a las que, habiendo tenido alguna experiencia laboral, vuelven a quedarse en desempleo.Son colectivos con especiales dificultades de inserción querequieren alternativas que ofrezcan una respuesta a sus dificultades y necesidades concretas. 5 . Informe sobre la juventud guipuzcoana. 1996. Departamento de Juventud y Deportes. Diputación Foral de Gipuzkoa. Donostia, 1997. |
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En las líneas anteriores hemos ido dejando una serie de problemáticas de lado,porque merecen una alusión más directa. No nos podemos olvidar de tod@s l@s jóvenes que quedan fuera de todo el esquema que hemos ido desglosando, independientemente de su formación (aunque esta pueda ser clave a la hora de abrirse camino en el mercado laboral). Hablamos de: Aquellas personas que no consiguen ni siquiera una primera experiencia laboral y pasan de ser jóvenes desemplead@s a considerarse parad@s de larga duración. L@s jóvenes que forman parte de otros colectivos: minusválidos, inmigrantes, etc. Las personas que sí tienen una experiencia profesional intermitente y dispersa, normalmente en trabajos de baja cualificación en los que sólo se da entrada a jóvenes (peonaje en obras, operari@s, repartidores/as, etc.). La problemática que se deriva de esta situación es que no se conforma un itinerario profesional concreto sino un cúmulo de experiencias inconexas que no hacen sino dificultar la consecución de estabilidad laboral. Aquell@s jóvenes que desarrollan su trabajo en la economía sumergida, donde las garantías respecto a continuidad y condiciones laborales son mínimas, así como las posibilidades reales de mejora. Jóvenes con problemáticas personales o sociales asociadas que han derivado en limitaciones objetivas que harán casi imposible su inserción en el mercado laboral ordinario (salvo, en el mejor de los casos, en trabajos de baja cualificación y en situaciones de precariedad y/o economía sumergida)y que requieren otras plataformas de inserción (mercado protegido, empresas de transición/inserción...) |
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